Un cónclave sin clave 

“Cónclave” es una palabra que significa “con llave” y se relaciona con la idea de elegir un Papa encerrándose hasta salir con la elección hecha, lo que se anuncia con un humo blanco. Si esa es la idea, nada más alejado del encuentro que tendrá el oficialismo en Cerro Castillo este fin de semana.

Desde luego, el Presidente Boric hará un buen discurso, exhortará a todos a poner las tareas comunes por delante. Se pueda dar cumplimiento al programa y atender a las necesidades inmediatas de la ciudadanía. Los presidentes de partido coincidirán con las palabras del mandatario y la vocera nos anunciará el paso a una nueva etapa donde las coincidencias predominarán sobre las diferencias.

El único problema radicará, por supuesto, en que la especialidad oficialista son las declaraciones más que las acciones y lo que falla no está en el nivel de los dichos, sino de los hechos. 

Y la pregunta que corresponde hacerse es quién ha dado muestras de haber cambiado las actitudes que han llevado a La Moneda y a sus dos coaliciones a tener que citar a un evento pensado para superar diferencias.

Lo cierto es que en los días previos cada líder importante de ambos conglomerados se ha dedicado a marcar los aspectos que los diferencian de sus socios, antes que de destacar los puntos en común.  Por si fuera poco, si ya se tenían controversias importantes, algunos como la presidenta del FRVS, Flavia Fuentealba, ha agregado un frente nuevo como es el de dar por superado el “momento constituyente” o, como decimos en Chile, “pasó la vieja”… para el gobierno.

El oficialismo fue derrotado en el plebiscito, pero está siendo superado en el post plebiscito por su falta de unidad de propósitos.

Lo que tenemos son dirigentes siguiendo a sus bases, en vez de líderes hablándole a audiencias abiertas. El uso de la empatía sería un buen principio. Si desde el Socialismo Democrático se pusiera el acento en el cumplimiento del programa y desde Apruebo Dignidad se hablara más de las urgencias de las tareas inmediatas, sería el principio de un entendimiento.

Si no se logra, la posible derrota de Karol Cariola en su intento de presidir la Cámara de Diputados acentuará una trizadura que será el principio de una zanja. Esperamos que se logre, porque, hasta el momento, el oficialismo reúne muchos dirigentes, pero pocos líderes. En este caso, la suma de las partes está siendo menor que el todo. Lo que están dejando alrededor es un notorio vacío.

No sólo de apariencias vive la derecha 

Lo último que se dijeron a sí mismos los líderes de derecha, antes de irse a dormir la siesta, es que no debían dormirse en los laureles. Es decir, que tras la victoria en el plebiscito no debían caer en la tentación de vivir del éxito reciente, y debían acumular nuevos éxitos, dando pasos en positivo.

Sin embargo, la búsqueda de mantener la iniciativa se ha visto reducida a maniatar a sus adversarios, enredándolos en demoras interminables en la negociación.

Extremando las cosas, ha buscado la confesión explícita de la contraparte oficialista de que depende de sus votos para toda iniciativa importante y, de ser posible, se pongan a su disposición, partiendo por el reconocimiento de sus errores pasados e impotencia presente. O sea, ha querido vivir de las rentas políticas y rendirse a la ley del mínimo esfuerzo. 

Lo que sí están dispuestos a conceder todos en este sector es que, en el caso de la negociación constitucional, lo que hay que preservar son las apariencias.

Siempre es difícil de explicar un compromiso rotundo en período de campaña, del que se pasa a desentenderse olímpicamente apenas el triunfo le sonríe y mucho, como en este caso. Pero en política lo que más importa no es identificar quién acaba de ganar, sino quien puede seguir ganando, y en esta jungla, el animal más lerdo no es que tiene más posibilidades de predominar.

Lo propio de la política es identificar una meta alcanzable y procurar conseguirla corriendo riesgos, sin caer en la temeridad. Jugar al desgaste de los demás terminará por provocar el desgaste de la propia derecha. Querer conducir sin haber antes ganado el gobierno es tarea imposible, más tratándose de un país presidencialista.

La derecha moderada ha de encauzar el proceso constituyente hacia la confluencia de los moderados de todos los sectores, a fin de dotar de reglas del juego legitimadas al país. Hay que emplear bien el tiempo, para que después no suceda que la presión contenida vuelva a desbordarse. Es decir, antes que se vuelva a una situación en que la fuerte presencia parlamentaria de la oposición de poco le valga. Pero eso aún no predomina en la derecha y por eso está dejando un vacío de liderazgo que no ha cubierto.

La centroizquierda vuelve a la centroizquierda

La centroizquierda es un sector, hace tiempo dado por desaparecido, que se encontró con un potencial electoral enorme en el último plebiscito. Este descubrimiento fue tan sorprendente que cada cual se aprestó a una cosecha rápida para no dejar pasar la oportunidad.

Por eso parece un sector en fragmentación, cuando lo que está ocurriendo en el fondo es que cada uno se está reactivando, en la búsqueda de alcanzar el liderazgo presidencial, en apuestas más personales o colectivas, pero búsqueda común al fin.

Lo que siempre hay que pensar es quiénes son los que, en una próxima primaria presidencial, están dispuestos a competir entre sí para escoger una postulación común. Porque a esto responde tanta agitación.

De momento, la gran cantera que alimenta las nuevas agrupaciones es el PDC, partido que ha visto la migración de parte de sus dirigentes hacia variados destinos. Por ahora no se puede anticipar cómo es que se ordenarán los mejores desempeños. Algo que se dirimirá en un espacio de año y medio, pero no se ve qué sentido podría tener ponerse a antagonizar o a pasarse cuentas entre muchos de los cuales tendrán que trabajar juntos en un mediano plazo.

Lo que se puede decir, de todas formas, es que el futuro es de aquellos que sean capaces de federar las distintas vertientes moderadas en un alero común. El punto de referencia obligado es la Concertación, experiencia histórica que pasó de ser denostada a señero ejemplo de cómo se hacen las cosas.

Si hay algo en lo que todas estas expresiones, antiguas y nuevas, están de acuerdo, es que la centroizquierda pierde atractivo o tiende a desaparecer actuando de dama de compañía de alguno de los dos polos. Y mientras estos insisten en dejar espacio político a disposición, una fuerza moderada tiene una opción indudable para ser ofrecida al país como alternativa. ¡Tanta vuelta para volver a los tres tercios!

*Víctor Maldonado es analista político.

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