Hace unos días, un destacado economista internacional se preguntaba qué nos pasó a los chilenos. Lo decía porque siendo un admirador de cómo Chile se convirtió en un caso de éxito elogiado mundialmente, no podía entender que quisiéramos retroceder y abandonar el modelo que nos diferenció de esos países latinoamericanos fracasados, donde reina la pobreza, la miseria, la falta de libertad, la represión a los disidentes, poniendo en jaque todo el avance logrado en más de 40 años de arduo trabajo, no exento de catástrofes naturales y graves problemas que unidos supimos superar. 

Qué acertada inquietud la de este economista, que debiera hacernos reflexionar y reaccionar. Y digo reaccionar, porque de ratificarse lo ya aprobado y lo que está por aprobarse en el pleno de la CC por parte de la izquierda dominante del proceso, el Chile tan admirado internacionalmente dejaría de existir, porque ya no seríamos la República de Chile, una sola Nación, sino un país plurinacional dividido, convertido en una fantasía inmanejable, ingobernable, donde coexistirían regiones autónomas, comunas autónomas, territorios especiales y autonomías territoriales indígenas, con personalidad jurídica y patrimonio propio, montado en un Leviatán burocrático gigantesco. 

Y si le agregamos a eso que los sistemas político y judicial que se nos quieren imponer no tienen correlato en nuestra historia, bueno, el resultado sería un desastre. Eliminar el Senado no tiene justificación alguna y el invento que crearon no sirve para nada -como dijo el Senador Insulza-, salvo para controlar el poder total mediante la instalación de un poderoso sistema unicameral de facto, como el peruano, que ya sabemos a lo que conduce. Y en lo judicial, habría sistemas de justicia indígena y otro paralelo para el resto, lo que garantiza desigualdad ante la ley.

En lo económico, el Banco Central quedaría debilitado porque sus consejeros podrían ser destituidos por la Cámara de Diputados, si a los políticos no les gustan sus decisiones.  

Y el derecho de propiedad quedaría desprotegido, excepto el de los indígenas, pues tendrían derecho a reclamar propiedad sobre lo que hayan ocupado, poseído, utilizado o adquirido; es decir, si han ocupado ilegalmente un predio, podrían reclamar propiedad de este. De hecho, ya están ocurriendo casos, como lo sucedido en el Campo San Miguel de Ralco, 8ª región, donde se le ha exigido a la familia propietaria abandonar su casa y su tierra en un plazo de 3 semanas, por las buenas o por las malas.  

En lo humano, la vida de un nuevo ser dependería de que su madre no decida abortarlo, sin plazo máximo para hacerlo ni interferencia alguna que lo impida, con lo cual se podría estar cometiendo un crimen bajo protección constitucional, lo que es realmente inmoral.

Y la promesa de considerar a las iniciativas populares de norma que consiguieron 15.000 firmas fue un engaño. Basta decir que rechazaron “Con Mi Plata No”, que obtuvo más de 70.000, para entender que solo estaban dispuestos a aprobar las que estuvieran en sintonía con sus ideas refundacionales, como fue el caso de No + AFP, por lo que existe una gran inquietud sobre el posible manotazo del Estado a los fondos previsionales de propiedad de los trabajadores, tal como ocurrió en Argentina.

También se pretende minimizar el rol de los privados. Es así que se quieren eliminar las Isapres, impedir el lucro en las clínicas, terminar la concesión de las carreteras para permitir transitar gratis, eliminar el financiamiento a los colegios subvencionados, hacer que el Estado sea el que elegirá la educación de los hijos, negándole el derecho preferente a los padres a decidir cómo educarlos, y está por verse qué pasará con las pretendidas expropiaciones a la minería. 

Esto y mucho más está en juego, por lo que además de reflexionar, hay que reaccionar. 

En resumen, de aprobarse lo que se está cocinando (literalmente) entre los colectivos de izquierda de la CC, podremos responderle al economista que preguntó qué nos pasó: que Chile enloqueció. 

*Jaime Jankelevich es bioquímico, consultor.

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