Cuando en mayo de 2020, ante la incertidumbre de lo que sería la pandemia, el Gobierno de entonces aprobó un primer Ingreso Familiar de Emergencia, criticaron a los ministros de la época por celebrar el acuerdo que otorgaba 65 mil pesos por hogar. Dos años más tarde, la primera ayuda del Gobierno de Boric son los 6 mil pesos del reajuste de la asignación familiar y los 22 mil pesos para pequeñas empresas que deben pagar el recién aumentado sueldo mínimo. 

Durante ese mismo año y el siguiente, impulsaron no uno, sino cuatro proyectos de retiro de ahorros previsionales, siendo el diputado Gabriel Boric uno de sus mayores promotores. Dos años después, para el Presidente Boric, los retiros son malas políticas públicas y (contra las cuerdas) promovió un quinto que quedó sepultado en el Congreso. 

Desde el Colegio Médico, la actual ministra Siches se erigió como la figura política más prometedora criticando día a día cada paso que daba el Gobierno en el manejo de la pandemia. Hoy se vuelven a elevar los contagios y nos encontramos estancados en el proceso de vacunación que llegó a ser uno de los más exitosos del planeta, como quien choca un Ferrari recién adquirido por manejar con displicencia. 

No solo en 2019 figuraba el ahora Presidente increpando en plena calle a militares que cumplían su deber constitucional durante el “estallido”, sino que desde ahí no cesaron las impugnaciones al obrar de Carabineros y se prometió acabar para siempre con la participación de las Fuerzas Armadas en labores de orden y seguridad. Hoy, militares patrullan nuevamente las rutas del Biobío al sur, requeridos por el ahora oficialismo, el mismo que no dudaba en renegar de tal necesidad. 

Cómo olvidar, en ese mismo orden de asuntos, la visita de Héctor Llaitul a la Cámara de Diputados en 2018, cuando el ahora oficialismo le dio una calurosa bienvenida. Llaitul, el mismo que hoy los amenaza con la “resistencia armada” y contra quien incluso se deslizó la posibilidad de una querella, enredando al Gobierno y obligándolo a desdecirse de sus propias intenciones. 

Infructuosa resultó la alegoría de “Wallmapu” que, de tanto ser usada, no protegió a la Ministra del Interior, la segunda máxima autoridad del Ejecutivo, de una lamentable recepción en Temucuicui, y, por el contrario, levantó quejas desde Argentina por su ligera utilización. 

Finalmente, el ejercicio irresponsable de 11 acusaciones constitucionales dio cuenta de la facilidad con que asediaban a un Gobierno que, entre estallido y pandemia, enfrentaba los momentos más complejos de la historia reciente del país. Al contrario, ante el anuncio de la primera acusación constitucional dirigida contra este Gobierno, la actual oposición manifiesta, antes que todo, la necesidad de ponderar ese mecanismo, mostrando un compromiso cívico que nunca se vio en quienes hoy nos gobiernan. 

Quizás, hoy se estén empezando a dar cuenta de que otra cosa es con guitarra.

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