Mis mejores voceros son los adversarios

Hace sólo un par de semanas, la suerte parecía estar echada. Todas las encuestas daban por ganadora a la opción Rechazo por una distancia irremontable, dado que los indecisos eran pocos y, aun sumados todos al Apruebo, no alteraban el resultado en contra de la propuesta de la Convención.

Pero han bastado pocas semanas para que este pronóstico compartido empezara a resquebrajarse. Lo que fue una constante de tres meses, de abril a junio, se perdió, manteniéndose la ventaja para el Rechazo, pero disminuyendo la distancia entre ambos a casi la mitad con el Apruebo.

La diferencia parece repartirse por partes iguales por la disminución de los indecisos y por el cambio de posición de quienes ya se creía resueltos a rechazar, pero han cambiado de opinión.

El despliegue de las campañas ha sido pareja, así que la disminución de la distancia no se debe a que un comando se haya quedado dormido. Tampoco se debe a la poca información sobre el proceso, porque esta abunda. Más bien se debe a una mayor recuperación del Apruebo que carecía de más rostros que lo que les prodigaban los convencionales.

Mientras el Apruebo fue representado por los convencionales, la opción no pudo empezar a remontar. Al revés, fue como nadar con un ancla al cuello, puesto que la Constituyente llegó a despertar una gran antipatía en todos los ciudadanos que no se identificaban con la izquierda. Así que los peores voceros fueron los que defendían la opción, los que rechazaban no tenían más que escuchar las altisonantes voces que tomaban la palabra cada vez que podían.

Ahora ocurre, sin embargo, que el Rechazo ha tenido vocería muy politizada o de rostros muy reconocidos de la elite política, aun cuando algunos de ellos sean de centroizquierda. La evaluación puede variar según los diferentes personeros del Rechazo, pero en conjunto es claro que no significó un avance, sino un estancamiento de la opción.

Hasta ahora se ha evitado que Sebastián Piñera aparezca respaldando el Rechazo, porque eso provocaría… rechazo. Sería la acción que más fácilmente daría una clarinada de reconocimiento de filas en las tradicionales posiciones políticas chilenas de las últimas décadas.

Así llegamos a la inauguración de las franjas de televisión: con un Rechazo ganando, pero en retroceso y un Apruebo perdiendo, pero avanzando. En este escenario, bien puede ocurrir que gane el que cometa menos errores.

La novedad del año: dividir a los propios y unir a los adversarios

Mientras el escenario se mantuvo estable y con un resultado predecible, La Moneda se mantuvo en un rol expectante y más bien se preparaba para la adversidad. Boric advertía que el gobierno se tenía que preparar para cualquier resultado, es decir, para perder. Pero la situación ha cambiado y, junto con ello, el tenor de las declaraciones.

A medida que los pronósticos mejoraban, Boric empezó a abogar para que los partidos se mostraran abiertos a discutir reformas con posterioridad al plebiscito. Cuando los números mejoraron más, cambió por tercera vez sus declaraciones, pidiendo que las reformas fueran dadas a conocer ahora.

Se entiende el motivo: estando la derecha matriculada por entero en el Rechazo y la izquierda por completo volcado al Apruebo, es el resto de la población, moderada o indecisa, los que inclinan la balanza. Los moderados, como se sabe, son partidarios de los entendimientos, y repelen de la confrontación abierta.

Como la derecha dio el pase a la propuesta Rincón-Walker de flexibilizar el quórum para las reformas constitucionales (de ganar el Rechazo, se podría implementar), su equivalente moderado es asegurar que las innovaciones que más espantan a los indecisos no serán aplicadas. Con esto, una parte de la campaña de la derecha perdería mucha fuerza.

En este momento crítico de la competencia, cuando la consigna de todos es concentrarse en lo fundamental y en lo que une, el gobierno dejó de seguir sus propias instrucciones, al menos, eso fue lo que hizo el ministro Jackson.

El perdón por estar obligado y el olvido con fecha de término

Jackson cometió uno de los errores más antiguos que se conocen, pero que siempre se repite: hablar con extrema confianza, ante un grupo afín, tal como si sus palabras pudieran quedar encapsuladas. 

Como resultado, fue de una extrema franqueza y sus opiniones no resultan compatibles con mantener unido una alianza amplia tras el Apruebo. De sus extensas declaraciones se puede recoger aquello de “nuestra escala de valores y principios en torno a la política no solo dista del gobierno anterior, sino que frente a una generación que nos antecedió, que podía estar identificada con el mismo rango de espectro político, como la centroizquierda y la izquierda”. 

Agregó alguna que otra cosita, como que su generación hablaba con franqueza y no con eufemismos, que ellos tenían “infinitamente menos conflictos de interés que otros”, lo que en algunos casos había llevado a “corrupción derechamente”, algo que no sería permitido en este gobierno.

Una autoridad se puede caer en una cuña, pero no en la explicitación completa de la visión que se tiene de los aliados. Jackson pidió disculpas, los parlamentarios las aceptaron de inmediato, pero no podrán olvidar lo que su interlocutor está pensando de ellos cada vez que les pida apoyo.

Lo que importa en esta campaña es concentrarse en los aspectos más relevantes que se quieren destacar y, en lo posible, lograr que los adversarios se enreden en polémicas laterales que lo dejen sin foco en el mensaje que está entregando.

Distraerse es perder y dedicar tiempo valioso a dar explicaciones que no se relacionan con el objetivo central es extraviar el camino.

Por eso las opciones han quedado abiertas y se definirá por el mejor trabajo de equipo que una opción logre. Un Apruebo amable, ciudadano, abierto a las reformas, alejado de los conflictos políticos es muy competitivo. Por eso el error de Jackson será pasado por alto, pero no olvidado. Un rechazo sin la competencia de los líderes de la derecha por acaparar cámara, canalizador de descontentos múltiples y que hable en positivo puede mantener su confianza. A ambos los puede hacer trastabillar hasta último minuto alguna figura propia tan relevante como desubicada. Pasamos de resultado casi anticipado a diagnóstico reservado. Veremos.

*Víctor Maldonado es analista político.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta