Ante el proyecto de pensión básica universal del gobierno, el presidente electo Gabriel Boric dijo que era “pan para hoy, hambre para mañana”, dado que, en su opinión, la iniciativa no estaría correctamente financiada. Otra cosa es con guitarra: el futuro mandatario parece alejarse de la lógica voluntarista, performativa y simbólica que resulta tan efectiva en la búsqueda de votos, pero fútil en el imperfecto mundo de la política pública. Ahora las promesas de campaña deben convertirse en políticas y los eslóganes en números, metas y plazos. ¿Pero estarán todos enterados?

La condonación de las deudas educativas es una propuesta que puede someterse a este análisis. Durante la campaña, el abanderado de Apruebo Dignidad fue claro en su compromiso con la condonación universal de las deudas (a veces precisando que sería progresiva). Cuando desde la centroizquierda se cuestionaron tanto sus cálculos como la pertinencia de la medida, debido a su carácter regresivo y el enorme costo fiscal que implica, desde el comando se recurrió al discurso político: el CAE es “sinónimo de carga, engaños y abuso” y “se ha financiado la expansión del mercado educativo en instituciones privadas, muchas de ellas de dudosa calidad”. Se omite el problema y se recurre a la retórica. Pero es un chuteo al córner suficiente para nuestro lamentable estándar de campaña.

Después de las elecciones, se volvió a preguntar, pero no hubo más señales: “el equipo económico está haciendo los estudios” -alquimistas que puedan convertir el plomo en oro, espero- y que “el beneficio para las personas será inmediato”. Seguimos donde mismo, sabemos cuál es el pan para hoy, pero nada sobre el mañana. Lo que se evita mencionar es que los deudores que hoy serán liberados de su carga son los mismos que deberán pagar mediante impuestos (o menores prestaciones sociales) el costo que asuma el Fisco para condonar. ¿Alguien se atreverá a decirle a una niña que hoy no encuentra cupo en un jardín infantil que la prioridad es pagar la deuda de un profesional 25 años mayor? ¿Quién irá a decirle a un pensionado que el aporte estatal a su pensión deberá restringirse para pagar los estudios de un joven 40 años menor?

Sin embargo, esto no termina acá. Si se elimina la herramienta de financiamiento del CAE, ¿con qué la reemplazamos? Según datos de la Comisión Ingresa, el año pasado 61 mil personas accedieron por primera vez a la educación superior con CAE y más de 259 mil están estudiando con dicho crédito. ¿Cómo se financiarán los estudios de ellos? En el programa de gobierno se menciona que se creará un “nuevo sistema único de créditos” que será “público, solidario, sin interés, sin participación de los bancos”. Cabe destacar que se han presentado dos propuestas de nuevos créditos estudiantes y ambas han sido rechazadas con fuerza por el sector que asumirá el gobierno, bajo el lema de “no más deuda educativa”. Nuevamente el discurso político de campaña, eslogan emotivo y fácil, pero ahora presto a convertirse en fuego amigo e impedir que se reemplace el CAE. ¿Cómo enfrentará el presidente electo a su propio sector, convenientemente ciego a la realidad de que las políticas cuestan recursos?

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