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Publicado el 17 de diciembre, 2016

Cumpliendo el sueño igualitario

Lo paradójico es que aquellos que desean mayores grados de igualdad material deberían ser los principales defensores del vilipendiado “modelo”.
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La Presidenta Michelle Bachelet ganó las elecciones haciendo un fuerte énfasis en la idea de la igualdad material. Al igual que otros regímenes populistas de la región, argumentó que hay gente que tiene mucho, mientras que otros tienen muy poco, y por tanto se deben redistribuir más recursos. De lo contrario, los ricos serán más ricos y los pobres más pobres, aumentando la desigualdad.

Lo anterior es completamente falso. En las últimas décadas la desigualdad del ingreso ha disminuido como nunca antes, pero a pesar de esto, muchos se han sumado al discurso de la igualdad, tanto personas de izquierda como de derecha. Insisten que la desigualdad es injusta y, por ende, debe ser eliminada. Como tamaña “injusticia” supuestamente la genera el modelo económico, plantean que éste debería ser cambiado por uno con ideas añejas y bananeras que nunca han funcionado, obviando los más de 200 años de desigualdad que han tenido Chile y la región.

Cualquier liberal verdadero no consideraría la desigualdad de ingreso injusta per se, pero el objetivo de esta columna no es hablar sobre ello. Solo dejaré planteado el siguiente ejemplo. En 1928 Alexander Fleming descubrió la penicilina. En un principio solo los ricos tenían acceso a ella, por los altos costos. Un igualitarista diría que el descubrimiento es injusto, puesto que aumenta la desigualdad, pero ¿en nombre de la igualdad y la justicia se debería haber prohibido el uso de la penicilina? Así de absurdo suena el fanatismo por la igualdad material.

Volviendo al contexto de nuestro país, lo paradójico es que aquellos que desean mayores grados de igualdad material deberían ser los principales defensores del vilipendiado “modelo”, pues ha logrado que Chile, más que nunca antes en su historia, sea un país más igualitario, según ha demostrado en su estudio “Chile: ¿más equitativo?” el doctorado en economía Claudio Sapelli, director del Instituto de Economía la Universidad Católica de Chile.

Es interesante la investigación de Sapelli, puesto que propone observar el índice Gini de desigualdad por generaciones de personas (análisis de cohortes). Así, el profesor muestra que aquellos nacidos en la década de 1930 tienen un Gini cercano al 0.50, muy por sobre el 0.28 de aquellos que nacieron en la década de 1980. Esta disminución la separa de diferentes efectos, descubriendo que la tendencia es hacia un rápido aumento de la equidad en las generaciones más jóvenes.

La disminución se debe, principalmente, a un mayor acceso a la educación. El académico muestra una abrupta caída en la dispersión de la educación, es decir, ha caído la diferencia entre quienes se educan muchos años y los que no. Hoy por hoy, los jóvenes tenemos más posibilidades de acceder a la educación. Solo un 39% de los que tienen entre 55 a 64 años lograron acceder a la educación secundaria. En cambio, el 85% de los que hoy tienen entre 25 y 34 años logró acceder a la educación media (2010, OCDE). El avance en esta materia ha sido impresionante; incluso superamos a países desarrollados que tienen un 80% de personas con estudios secundarios para el mismo rango etario.

El trabajo del profesor Sapelli es un fuerte golpe al discurso de todos los que desean aumentar el tamaño del Estado bajo el supuesto de que así van a generar mayor igualdad. Lo cierto es que los mayores grados de igualdad en Chile se han logrado cooperando de manera voluntaria, libre y pacífica, cuando la sociedad civil ha asumido un rol más activo. Es decir, ha sido el capitalismo chileno el que ha cumplido el sueño igualitarista y no el aparato coercitivo del Estado.

El libro del profesor Sapelli rompe los mitos sobre la desigualdad en Chile y merece ser leído por chilenos y latinoamericanos, si es que en serio queremos hablar de justicia y libertad.

 

Raffaello Criscuoli, alumni FPP

 

 

FOTO: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO

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