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Publicado el 02 de octubre, 2015

Cuba, Estados Unidos y el Papa

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt
Fiel a su estilo de personalidad fuerte, pero con la humildad que lo caracteriza, el Papa quiso recalcar el mensaje de su Iglesia sobre lo que significan el servicio y el poder.
Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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Los últimos meses han sido álgidos para la coyuntura internacional. Han ocurrido hechos de grave connotación social, tales como la delicada crisis de los refugiados en Europa, el prolongado conflicto que genera no sólo la expansión, sino además el fortalecimiento del grupo terrorista insurgente Estado Islámico (ISIS) y los riesgos que se desprenden para la economía mundial producto de la desaceleración económica china, entre otros.

Sin embargo, hubo un hecho que interrumpió por unos días la vorágine mundial otorgando un respiro a las malas noticias: la reciente visita del primer papa latinoamericano a Cuba y Estados Unidos, dos protagonistas antagónicos dentro del escenario internacional, pero cuyas diplomacias recibieron con igual fervor y entusiasmo los mensajes del Sumo Pontífice.

Expectación, curiosidad e ilusión fue lo que generó Francisco. Sobre todo, porque el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba aún genera un disimulado escepticismo tras 55 años de embargo económico, y la presencia papal sólo podría colaborar para enfriar las relaciones.

Sin eludir los contextos, ni de Cuba y posteriormente de Estados Unidos, el Papa Francisco se paseó transversalmente por diversos temas. Inmigración, conflictos políticos, la familia, el rol de la Iglesia, el emprendimiento y medio ambiente marcaron la pauta de sus discursos y respuestas a diversas problemáticas humanas.

Fiel a su estilo de personalidad fuerte, pero con la humildad que lo caracteriza, el Papa quiso recalcar el mensaje de su Iglesia sobre lo que significan el servicio y el poder.  “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, exclamó en más de una oportunidad;  exhortando a las autoridades políticas a desarrollar todas sus potencialidades y a prestar sus servicios a favor de la paz y el bienestar de sus pueblos.

Fue así, entonces, como el lema elegido para marcar su estadía en ambas naciones fue “Misionero de la Misericordia”, debido a que el Papa ha convocado a un Jubileo Extraordinario de la Misericordia, el cual comienza el 8 de diciembre y se extenderá hasta el 20 de noviembre de 2016.

Otorgando una primera muestra de misericordia, el Papa accedió a dialogar con Fidel Castro, figura encarnada de la Guerra Fría, cuyo histórico régimen recién comienza a mostrar atisbos de apertura, bajo el mandato de su hermano Raúl. Sin embargo, el mensaje posterior fue claro, “Los muros nunca son la solución. Los puentes sí.  Siempre”, argumentó el Sumo Pontífice haciendo un llamado implícito hacia el diálogo y fortalecimiento de las relaciones entre naciones vecinas.

Posteriormente, al aterrizar en la ciudad de Washington D.C., Francisco, primer líder de la Iglesia Católica en ser recibido por el Congreso norteamericano, fue desenvuelto pero certero en la elección de sus palabras, elaborando una tenaz disertación ideológica enfocada, una vez más, en la misericordia como punto de encuentro.

La lucha contra la pobreza, la defensa de la familia y la conveniencia del diálogo entre países que han estado enfrentados fueron abordados por el Papa durante los 51 minutos que perduró su intervención. Sin embargo, hubo un tropiezo en su visita, ya que, a pesar de sus esfuerzos y su llamado a eliminar la pena de muerte, no logró convencer a las autoridades del estado de Georgia de perdonarle la vida a un mujer de 47 años, Kelly Gissendaner, a quien se le aplicó la inyección letal a sólo días del estruendo que el Sumo Pontífice provocó sobre suelo norteamericano.

El peregrinaje papal de este 2015 ha finalizado y son cuantiosas las tareas que dejó encomendadas: misericordia, perdón y la implementación de una ‘cultura del cuidado’ para satisfacer las necesidades comunes de una sociedad que requiere del desarrollo de todos sus miembros fueron el principal legado de este hombre quien logra comunicar de manera lúcida y apacible su mensaje universal.

Para algunos, los más críticos, su estadía no provocó los resultados esperados; para otros en cambio, incluso para aquellos no creyentes, su viaje marcó un hito social y político, ya que Francisco, el Papa argentino, enfrenta los desafíos a través de la senda del diálogo y la confianza. Dos elementos claves para forjarle credibilidad a un verdadero líder y pastor.

 

Paula Schmidt, historiadora y periodista Fundación Voces Católicas.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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