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Publicado el 29 de agosto, 2015

Cuando China se resfría, a Chile le da pulmonía

Economista Manuel Bengolea
Sería importante que los políticos afines al gobierno comprendan lo antes posible que si no nos cuidamos del resfrío chino, nadie nos va a librar de la pulmonía, y a los ya evidentes síntomas de desaceleración brusca, podrían comenzar a sumarse, tan temprano como el próximo año, los de contracción.
Manuel Bengolea Economista

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Los que contamos con más de 30 años trabajando, tenemos vivo en la memoria el dicho: cuando USA se resfría a Chile le da pulmonía. Es que Estados Unidos siempre fue nuestro principal socio comercial. En 2003, el 30% de los envíos al exterior chilenos tenían como destino USA, mientras Japón, el segundo, explicaba un 11%. China, que recién emergía como potencia económica, explicaba algo menos de un 9% de nuestras exportaciones en ese entonces.

En la última década, China se ha consolidado como la segunda economía del planeta, y además se ha transformado en el mayor demandante mundial de cobre, explicando cerca de la mitad de la producción mundial. En el caso de Chile, China es responsable, a fines del 2014, de un cuarto de nuestras ventas al exterior; y del cobre total exportado, un 38% va a dicho país.

De más está decir entonces que el país más importante para Chile es China. Sin embargo, nuestro mayor problema es que en el 2003 un 37% de lo que se mandaba al exterior era cobre, mientras a fines del 2014, un 50% de lo exportado seguía siendo este mineral. Es decir, seguimos siendo totalmente dependientes del cobre, y China es un socio comercial demasiado importante para nosotros. Lo anterior ha sido fantástico para la economía chilena, pues sin mediar esfuerzo ni cambio tecnológico, observó cómo el precio del principal producto exportado se elevó desde US$ 1.00 la libra de cobre hasta casi US$ 4 hacia 2011. Así de fácil, en unos cuantos años, por el mismo trabajo nos pagaron US$ 3 adicionales.

A partir del 2012 arrancan los problemas para la economía chilena, que es cuando comienza a visualizarse que el famoso “súper ciclo de los commodities”, entre los cuales está el cobre, inicia su proceso de reversión, y es así como hoy el precio del metal rojo se cotiza alrededor de US$ 2.30 la libra. El problema con esto es que los ingresos del Fisco disminuyen drásticamente, tanto porque a Codelco se le hace difícil aportar recursos (utilidades) al Estado, como porque las utilidades de las empresas mineras privadas se evaporan rápidamente, y junto con ello los impuestos de primera categoría que el Fisco pretendía recaudar. Y ni hablar de los efectos de segunda vuelta como el aumento en el desempleo y la menor inversión.

La pregunta que deben hacerse todos los chilenos, incluido el gobierno, es qué va a pasar con China, pues de eso dependen nuestras expectativas, ingresos y planes de gasto futuro. El gobierno, en un acto de irresponsabilidad suprema, decidió hacer caso omiso del fin del súper ciclo, y calculó y ofreció un programa que a todas luces partía de la base de que la economía de China seguiría creciendo a un 10% promedio y que el cobre permanecería por sobre los US$ 3.50 la libra. Curioso es que las explicaciones para la desaceleración del ex ministro Arenas fueran siempre de origen externo, no de sus mal diseñadas e implementadas reformas, y no hiciese nada para incorporar esta nueva realidad a su agenda, que era lo consecuente de hacer.

Creo que a estas alturas todos los economistas, independiente de su color político, tienen claro que China seguirá con su trayectoria de desaceleración por los próximos tres a cinco años, y que a pesar de todos los esfuerzos fiscales, monetarios o de cualquier otra índole que su gobierno implemente o anuncie, serán solo pan para hoy y hambre para mañana. China debe implementar cambios que significan más flexibilidad, o menos intervención estatal, sea ésta a nivel de gobierno o de sus empresas, y más libertad para emprender e innovar, para conseguir que el motor de crecimiento deje de ser la inversión y pase a ser el consumidor. El problema es que esto requiere de libertades civiles y costos en el corto plazo que el gobierno pudiera no estar dispuesto a asumir. En definitiva, de no hacer lo anterior China no podrá ascender en la cadena de valor y riqueza quedándose atrapado en la trampa del ingreso medio.

El ministro Valdés comprende perfectamente lo anterior, como también lo hace el Banco Central de Chile. Sin embargo, quienes parecen no querer comprender  son los políticos y la Presidenta, lamentablemente. La mayoría de los chilenos está consciente de la trampa del ingreso medio, tiene claro que la forma de crecer es aumentando la calidad de la educación pública y de continuar trabajando para disminuir la desigualdad. En definitiva, compartimos un diagnóstico, pero estamos en las antípodas en cuanto a la forma de solucionarlo. Este gobierno y sus políticos han decidido que la solución a estos problemas son más Estado, y su gran error, además del obvio que es siquiera pensar que es éste quien los soluciona, es creer que la bonanza del cobre va volver, y que por lo tanto habrá recursos.

Mala noticia para ellos, que la prosperidad que China le obsequió a Chile se acabó, así es que si queremos librarnos de la trampa del ingreso medio, hay que buscar una solución que el Estado no es capaz de otorgar, no sólo porque se le agotaron los recursos, sino porque jamás ha sido, y nunca será, un buen gestor. Sería importante que los políticos afines al gobierno comprendan lo antes posible que si no nos cuidamos del resfrío chino, nadie nos va a librar de la pulmonía, y a los ya evidentes síntomas de desaceleración brusca, podrían comenzar a sumarse, tan temprano como el próximo año, los de contracción.

 

Manuel Bengolea, economista Octogone.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO

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