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Publicado el 02 de agosto, 2015

Crónica de una muerte anunciada

Este gobierno quiere implementar un modelo de izquierda que la experiencia internacional indica no ha logrado funcionar ni una sola vez en diferentes contextos mundiales.

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Sin ser lector empedernido, ni menos erudito, debo confesarles que he disfrutado leyendo varios libros de Gabriel García Márquez.

Probablemente este pequeño libro no es lo más notable que escribió el reconocido escritor colombiano, sin embargo, el parecido que tiene el personaje principal, Santiago Nasar, con nuestra Presidenta Michelle Bachelet es memorable.

Luego de que la esposa de Bayardo San Román, Ángela Vicario, fuera devuelta a sus padres cuando el recién casado descubre que su esposa no es virgen, ésta culpa a Santiago Nasar de su situación. Desde ese momento en adelante los hermanos de Ángela juran vengar la deshonra y se comprometen a quitarle la vida al pobre Santiago.

El único, en un pequeño pueblo cerca del caribe colombiano, que no sabía que lo iban a matar era el desafortunado Santiago. Solo lo supo unos minutos antes, demasiado tarde para reaccionar y salvar su vida.

¿En qué se parecen entonces?

Pareciera que la Presidenta ha sido la última persona en enterarse de que el programa de reformas del gobierno no se va a poder implementar en los tiempos comprometidos ni de la manera esperada, así como tampoco con los resultados proyectados por la izquierda. Lo cual ciertamente parece insólito de acuerdo a lo que se espera de una persona que está a la altura de jefe de Estado.

Hasta el cansancio, casi majaderamente, economistas, políticos, empresarios y pensadores manifestaron desde el comienzo que este programa de reformas, tal como estaba planteado, no iba a resultar.

Los que tenían mayor visión de realidad sostenían que la reforma tributaria, una reforma muy poco estudiada y analizada, débilmente debatida y mucho menos bien implementada, iba a afectar muy negativamente la inversión privada en Chile. Lo anterior fue ampliamente negado por numerosos personeros de gobierno y de partidos oficialistas, y los datos confirman, un año después, que la inversión extiende su caída sin mostrar signos de reversión.

Los realistas sostuvieron también que una reforma educacional como la que se pretende implementar no podía llevarse a cabo de buena forma en un periodo tan corto de tiempo. ¡Es una mega reforma! Tan amplia, de tanto impacto y tan compleja que no es factible abordarla en solo un año y sin la participación y compromiso transversal de todo el espectro político chileno.

Quedan la reforma laboral y a la constitución por aprobarse. Que la reforma laboral va a afectar la creación de empleo es evidente desde el punto de vista económico, “todo el mundo” lo sabe, los únicos que no lo ven son los “Santiago Nasar” del gobierno y oficialistas.

Hace menos de un mes, y a un año y medio de gobierno, la Presidenta nos dice que no previó las condiciones económicas externas que han aportado negativamente a la situación del país y que al mismo tiempo se dio cuenta de que no tenía el equipo apropiado en el gobierno para llevar a cabo dichas reformas.

¿Recién ahora se da cuenta nuestra Presidenta? ¿Nunca lo escuchó de las respetadas voces tanto pro izquierda como de derecha e independientes que lo mencionaron desde el principio? ¿Nunca escuchó a su sentido común?

Esperamos más de nuestra Presidenta, mucho más, esperamos calidad, sensatez y responsabilidad por el proyecto de continuar en la senda de desarrollo en nuestro país.

Mucho hemos avanzado desde la vuelta a la democracia con el gobierno de Patricio Aylwin hasta hoy en día, son más de 30 años de crecimiento y mejora en muchos aspectos. A pesar del avance, y más bien a consecuencia del mismo, hoy los chilenos tenemos el gran desafío de pasar a formar parte del grupo de países desarrollados, eso requiere reformas, compromiso y trabajo.

Hay quienes piensan que esto se logra implementando un modelo socialista y eliminando ojalá todo rastro de neoliberalismo económico, partiendo por la Presidenta que en uno de sus discursos en su visita de Estado a Sudáfrica a mediados del año pasado dijo textual que sentía el llamado a terminar la labor que el ex Presidente Salvador Allende había dejado inconclusa.

Lo anterior no admite dos interpretaciones, partiendo por su cabeza, este gobierno quiere implementar un modelo de izquierda que la experiencia internacional indica no ha logrado funcionar ni una sola vez en diferentes contextos mundiales. Hoy es ampliamente aceptada la premisa de que la generación de riqueza se ha transformado en una condición absolutamente necesaria para el desarrollo de los países. Muy necesario será el crecimiento económico, pero sin duda no cumple con la condición de suficiencia.

Parece prudente no desviar el rumbo, sino más bien hacer ajustes que, aunque fundamentales, no comprometan el camino ya recorrido con el esfuerzo de todos los chilenos.

En esta línea, hago un llamado a la Presidenta y a su equipo de gobierno a no olvidar que los importantes avances que hemos tenido en los últimos 30 años en nuestro país no han sido fruto del azar, sino todo lo contrario, han respondido sobre todo a la capacidad de ponernos de acuerdo, de avanzar juntos en el mismo sentido, todos tirando el carro para el mismo lado, sin exclusiones y con voluntad de implementar grandes acuerdos nacionales.

Recordando a García Márquez, espero que no sea nuestra Presidenta la última en darse cuenta de que debemos volver a la senda de estos grandes acuerdos. Hoy más que nunca, ya que los cambios que se requiere implementar son profundos, relevantes e idealmente deberían marcar la hoja de ruta para las próximas décadas.

 

Claudio Morales, economista Universidad de Chile.

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

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