Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 17 de enero, 2020

Cristóbal Caviedes: En defensa de “La Cocina”

Abogado, candidato a Doctor en Derecho Universidad de Queens, Canadá Cristóbal Caviedes

La obsesión moderna por la transparencia puede terminar matando la capacidad de deliberar y la capacidad de negociar; dos capacidades fundamentales a la hora de llegar a acuerdos y, en definitiva, tomar decisiones políticas.

Cristóbal Caviedes Abogado, candidato a Doctor en Derecho Universidad de Queens, Canadá
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

En tiempos como los actuales, en que la transparencia es vista como un valor rayando en lo sagrado, me atrevo a defender la existencia de “cocinas”. Si, usted lee bien. Estoy a favor de que existan acuerdos políticos a puertas cerradas, de espaldas a la ciudadanía, sin la presencia de cámaras, grabaciones, o registros inmediatos de ningún tipo. Para decirlo de otro modo, encuentro necesaria la existencia de espacios cerrados en los que quienes toman decisiones políticas, sea que se traten de políticos profesionales o de ciudadanos de a pie, puedan conversar, transar, negociar, e incluso “macuquear” a sus anchas sin ser vistos ni criticados por ello.

Generalmente se atribuye a Bismarck el dicho de que existen dos cosas que, si a uno le gustan, uno no debe averiguar cómo se hacen. La primera son las salchichas; la segunda son las leyes. Cuando se trata de hacer política, tanto buena como mala, la transparencia puede ser destructiva y la opacidad, constructiva. En otras palabras, la obsesión moderna por la transparencia —obsesión vigorosamente incentivada por la televisión y las redes sociales— puede terminar matando la capacidad de deliberar y la capacidad de negociar; dos capacidades fundamentales a la hora de llegar a acuerdos y, en definitiva, tomar decisiones políticas.

Tal como sucede con la vida social en general, en política, ciertos grados de reserva son necesarios para mantener un mínimo de civilidad conducente al funcionamiento del sistema. Si en una sociedad todos dicen exactamente lo que están pensando todo el tiempo, es poco probable que los miembros de esa sociedad puedan convivir pacíficamente y cooperar en el largo plazo. Del mismo modo, si en un sistema político las autoridades son permanentemente observadas y monitoreadas, es poco probable que tales autoridades cedan en sus posiciones frente a sus colegas u otros actores, aún cuando sea socialmente conveniente que lo hagan.

La política requiere de cocinas por una razón muy sencilla: la natural reticencia humana a cambiar de opinión por miedo a parecer débil, fenómeno que se acentúa cuando hay una audiencia y uno debe representar intereses ajenos, tal como deben hacerlo los políticos. Al igual como ocurre en toda interacción grupal, para conseguir resultados, los políticos deben poder argumentar, negociar y darse vuelta la chaqueta cuantas veces sea necesario. Sin embargo, si al encontrarse frente a las cámaras, los políticos tienen miedo a ser “funados” o sancionados socialmente por comportarse de este modo, estas conductas cooperativas raramente van a florecer entre ellos.

Muchos de los problemas del sistema político actual no se solucionan eliminando las cocinas; se solucionan reemplazando a los cocineros y controlando que la suciedad de la cocina no se esparza al resto de la casa.

En definitiva, el gran problema con la transparencia es que la política deja de ser un intercambio destinado a tomar decisiones, pasando a convertirse en un mero show y en declaraciones rimbombantes “pa’ la galucha”. Cierto, determinados niveles de transparencia son necesarios para limitar la corrupción y asegurar la rendición de cuentas. Después de todo, cuando se trata de corrupción, la luz del sol es el mejor desinfectante. No obstante, el problema de llevar la lógica de la transparencia al extremo es que, nos guste o no, la buena política simplemente no puede surgir en ambientes clínicamente asépticos.

La política se trata de tomar decisiones en contextos de múltiples preferencias, juicios, e intereses contradictorios. En este sentido, tal como señala Max Weber —y tal como lo ha recordado recientemente Juan Pablo Luna— la política es magia, y la magia es esencialmente opacidad. Así como el mago tiene que saber más que el público a la hora de sacar un conejo del sobrero, la clase política debe saber más que la ciudadanía a la hora de transformar la multiplicidad social en un único curso de acción. En consecuencia, muchos de los problemas del sistema político actual no se solucionan eliminando las cocinas; se solucionan reemplazando a los cocineros y controlando que la suciedad de la cocina no se esparza al resto de la casa.

Todo lo que estoy señalando es relevante para nuestra discusión constitucional. En efecto, si queremos tener una buena constitución, nuestra eventual Convención Constituyente va a requerir de cocinas. Tal como lo ha indicado Sergio Verdugo, hay evidencia de que las convenciones constituyentes cuyos debates son secretos tienden a deliberar mejor, y por ende a producir mejores constituciones, que las convenciones cuyos debates son públicos. Naturalmente, la ciudadanía tiene derecho a controlar lo que ocurre en la convención, razón por la cual autores como Elster proponen una fórmula de publicidad ex post. Es decir, que las deliberaciones internas de la convención se publiquen luego de tomada una decisión, y luego de transcurrido cierto tiempo. (Por ejemplo, un mes, tres meses, seis meses, etc.). Desafortunadamente, en las circunstancias actuales, es casi imposible que en Chile ocupemos la fórmula de Elster. Empero, pongo de todos modos esta fórmula en la palestra, por si acaso.

En fin, la cocina es, en el peor de los casos, un mal necesario; y en el mejor de los casos, un elemento deseable para mantener una pizca de racionalidad y operatividad en política. Ahora bien, considerando tanto el “espíritu de los tiempos” como la temperatura ambiente social en Chile, tengo muy claro que pocos me encontrarán la razón; pero alguien tiene que hacer del caballero empeñado en defender causas perdidas.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete
Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete