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Publicado el 14 de noviembre, 2019

Cristóbal Aguilera: Mezquino

Abogado, académico Facultad de Derecho U. Finis Terrae Cristóbal Aguilera

Es ahora, en la horas difíciles y determinantes, cuando los políticos están llamados a ejercer su vocación. Por esto es tan grave lo que han hecho algunos diputados del FA y del PC, pues su actuar implica no solo renunciar a aquello que prometieron ser, sino que también asumir deliberadamente el rol opuesto.

Cristóbal Aguilera Abogado, académico Facultad de Derecho U. Finis Terrae
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El Diccionario de la Lengua Española define la palabra mezquino como “falta de generosidad y nobleza de espíritu”. Otras acepciones son “pequeño, diminuto” y “pobre, necesitado, falto de lo necesario”. Todas ellas, por cierto, sirven para incardinar en una sola expresión la actitud que han adoptado la mayoría de los diputados del Frente Amplio y la totalidad del Partido Comunista.

No cabe duda de que estamos frente a la peor crisis social y política desde que Chile volvió a ser un país democrático en 1990. Las premisas sobre las cuales nuestro país se expandió económicamente durante las últimas décadas han sido puestas en el banquillo y esperan pacientes su final. Es indudable: nos dormimos en un sueño profundo, tranquilo, constituido por la ilusión del progreso material, y fue tanta la apariencia de que todo estaba bien (porque muchos efectivamente lo estaban y están), que nadie se imaginó la violencia del remezón de estos días que nos hizo despertar.

Así, estamos pagando los costos de la erosión social que provocó el modelo económico. Tarde o temprano nuestra sociedad terminaría cosechando las frustraciones que durante años se sembraron en forma de semillas de necesidad. De ahí que llame la atención el asombroso talento para obviar la realidad de cierta élite económica y política que espera que todo se resuelva lo más rápido posible para continuar “el proceso exitoso iniciado por nuestro país”. Las soluciones, si quieren ser efectivas, no pueden constituir solo un paquete de medidas asistencialistas (y el Gobierno tiene que tomar esto muy en cuenta). Nuestro problema es estructural, y hay que comprenderlo y abordarlo como tal.

Pero hecho el diagnóstico, que, salvo este grupo conformado por homos economicus, todos -matices más matices menos- han aceptado, debemos reaccionar precisamente bajo una lógica distinta, que es el bien de todos y cada uno de los integrantes de nuestra comunidad. Debemos escapar de nuestras trincheras políticas y buscar vías de solución democráticas, participativas e institucionales. Este es el desafío de hoy: resulta indispensable lograr un acuerdo que haga viable estas vías de solución. Y es ahora, en la horas difíciles y determinantes, cuando ya no parece haber margen posible, el momento en el que los políticos están llamados a ejercer su vocación. Por esto es tan grave y propiamente mezquino lo que han hecho algunos diputados del FA y del PC, pues su actuar implica no solo renunciar a aquello que prometieron ser, sino que también asumir deliberadamente el rol opuesto. El infantil e irresponsable juego de suma cero que han emprendido, sumado a la incitación (a veces indirecta y otras veces directa) a la violencia, es algo que está fuera de la cancha de lo permitido en política.

El futuro depende, pues, de que quienes sienten esa pertenencia común hacia “algo” que nos une y que es mayor a todas las disputas, se reúnan a hacer política. Y que esa política se oriente justamente al bien de este país que llamamos Chile, y cuyo futuro no podemos arriesgar por culpa de pequeñeces. Que los mezquinos se queden afuera (deliberadamente y bajo su propia responsabilidad) ya es un dato que no debiéramos seguir tomando en cuenta.

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