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Publicado el 05 de junio, 2020

Cristian Medina: 26 años de la muerte de Erich Honecker

Profesor Investigador Instituto de Historia USS Concepción Cristián Medina

El 29 de mayo se cumplieron 26 años del fallecimiento en Chile, producto de un cáncer, del ex dictador de la República Democrática Alemana (RDA), Erich Honecker. Desde su salida del poder en octubre de 1989 se había convertido en un fantasma político y en una figura indeseable para muchos.

Cristián Medina Profesor Investigador Instituto de Historia USS Concepción

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Erich Honecker fue el penúltimo dirigente de un sistema que colapsó abruptamente, y en pocos meses su situación política y judicial cambió. Su antiguo partido, el Sozialistische Einheitspartei Deutschlands (SED), lo responsabilizó por la crisis del Estado. Sus antiguos aliados se sumaron al descontento popular contra la burocracia gobernante a lo que se agregó el peso de las rencillas que Honecker había incubado durante sus últimos diez años de gobierno no sólo en la RDA, sino también fuera de ella, con Mijail Gorbachov en la URSS y Helmut Kohl en la entonces República Federal de Alemania (RFA). Para fines de 1989 el ex dictador había sido derrotado y expulsado de su residencia en el barrio de Wandlitz al norte de Berlín Oriental. El descubrimiento de un cáncer al riñón en enero de 1990 lo obligó a internarse en el hospital de La Charité donde fue operado a fines de ese mes. En este recinto se le informó que sería detenido, ya que era investigado por “abuso de poder, corrupción, y traición”. Inmediatamente fue trasladado a la prisión de Rummelsburg, en Berlín Este, donde sólo paso una noche, ya que la orden de arresto se anuló por razones de salud (Haftunfähigkeit). Las autoridades no sabían bien dónde llevarlo por un asunto de seguridad, así que su abogado, Wolfgang Vogel, gestionó su asilo en la Iglesia Protestante de Berlín-Brandenburgo donde fue recibido por el pastor Uwe Holmer, quedándose allí por diez semanas junto a su esposa Margot.

En abril de 1990 las tropas soviéticas tomaron bajo su protección al ex dictador ingresándolo al hospital militar en Beelitz, entre Berlín y Leipzig, para así eludir la orden de detención que pesaba sobre él. En ese centro médico, el ex líder germanooriental sufrió un ataque al miocardio.

Tras la reunificación de Alemania su presencia en ese país se hizo insostenible, así que las autoridades soviéticas decidieron trasladarlo a Moscú cuando Bonn aún negociaba la salida del “Ejército Rojo” de lo que ya era su territorio. En marzo de 1991 invitado por Gorbachov, el ministro de Defensa, Dimitri Yázov y por el director del KGB, Vladimir Kryuchkov, decidió trasladarse a Moscú. El viaje lo hizo a bordo de un avión militar ruso y al llegar Honecker a esa ciudad recibió atención médica en el centro Mayekin, y las autoridades soviéticas le entregaron una dacha estatal. Alexei Surkov, miembro del Comité de Asuntos Internacionales del Soviet Supremo de la URSS, fue comisionado para ocuparse personalmente de todos los detalles de la estancia de los Honecker en suelo ruso, a fines de mayo de 1991 dejó el hospital trasladándose junto a su esposa, Margot, a una dacha ubicada en las cercanías de Moscú donde estuvieron aislados y con arresto domiciliario. Poco después, el fallido putsch de agosto de ese año en la URSS generó un panorama poco alentador para Honecker en la URSS. Entre los golpistas se encontraban algunos de sus principales protectores: el vicepresidente de la URSS, Guennadi Yanáyev, y el jefe de la KGB, Vladimir Kryuchkov, ahora caídos en desgracia. Aunque Gorbachov había dimitido como Secretario General del Partido, recuperó sus cargos estatales, pero se enfrentó a una emergente figura política -Boris Yeltsin-, que terminó siendo clave en la vida política del país. Por lo tanto, parecía cuestión de tiempo que una URSS en proceso de disolución y con un Partido Comunista ilegalizado desde agosto dejara de proporcionar amparo a Honecker, como uno de los últimos representantes de un sistema político totalmente deslegitimado en el país. Si había algo que ex líder germanooriental tenía claro era que no regresaría voluntariamente a Alemania y así se lo expresó a Gorbachov. Su anhelo era viajar a Chile donde se encontraba su hija Sonja, casada con el exiliado chileno Leonardo Yáñez Betancourt, y sus nietos, Roberto y Viviana. El lazo familiar de Honecker con Chile era importante, al igual que los vínculos políticos y de amistad que tenía con un sector del socialismo chileno al que recibió en la RDA en los tiempos del exilio, algo que se haría sentir durante el desarrollo de la trama.

Recientes investigaciones demuestran que el gobierno de Aylwin al menos estudió la posibilidad de asilo a Honecker antes de que éste ingresará a la Embajada chilena en Moscú en diciembre de 1991. Una vez en ella se desató un auténtico vendaval diplomático, político y jurídico internacional entre Chile, Alemania y, en menor medida, Rusia que fue resuelto cuando el presidente Aylwin le canceló su calidad de “huésped” de la que gozaba en su embajada en Moscú. Esto precipitó su expulsión a Alemania, a su llegada a Berlín fue detenido por la policía y conducido a la prisión de Moabit donde estaría mientras durará el juicio en su contra.

El cáncer que padecía siguió su curso inexorable y lo incapacitó en lo psíquico para comparecer ante los tribunales: «Ha perdido sus autodefensas y mantiene un recelo patológico hacia todos los alemanes», precisó el jefe de la clínica psiquiátrica Bonhoeffer en Berlín, Werner Platz. Y en el Bundestag, Hans de With se preguntó si no era mejor dejarlo para no convertir su proceso en una farsa.

Al final la justicia alemana decidió no enjuiciarlo porque no sobreviviría al fin del proceso y retener a Honecker en prisión atentaría contra sus derechos humanos. El proceso judicial en su contra se abandonó en enero de 1993 cuando las pruebas médicas aconsejaron retirar la acusación por motivos humanitarios.

Después de un período de 38 meses de accidentado éxodo familiar -donde estuvo refugiado en hospitales, una Iglesia, en la Embajada de Chile en Moscú, o bajo detención- el ex dictador llegó a Santiago de Chile el 14 de enero de ese año. No hubo recepción oficial, funcionarios de la Cancillería y de la Secretaria General de Gobierno de Chile lo esperaron en el aeropuerto junto a dirigentes políticos de izquierda, comunistas y socialistas y un centenar de manifestantes. A su llegada al país fue examinado por un equipo médico multidisciplinario que ratificó el fatal diagnóstico.

Honecker murió en Chile el 29 de mayo de 1994 cumpliendo sus deseos, su cuerpo fue cremado y las cenizas aún permanecen en suelo chileno, a pesar de la solicitud de su nieto, Roberto, para que sean trasladadas a Alemania.

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