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Publicado el 31 enero, 2021

Cristián Garay: Vecino necesario

Historiador, académico del Instituto de Estudios Avanzados, USACH Cristián Garay

El Presidente argentino está buscando enfatizar la seguridad de su país para recibir y mantener inversiones de este lado de la frontera, y tener un eje más concreto respecto de las relaciones con Chile, contaminadas, también, por las discrepancias político ideológicas con el peronismo.

Cristián Garay Historiador, académico del Instituto de Estudios Avanzados, USACH
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La visita oficial de dos días del Presidente Alberto Fernández, que es también la primera de este tipo, se inscribe en una mezcla de actos oficiales y privados, algunos de los cuales lo conectan directamente con la oposición chilena. Estos últimos van de lo simbólico, como visitar la oficina de Salvador Allende acompañado de su hija, la senadora Isabel Allende, hasta cenar con Marco Enríquez-Ominami en el marco del Grupo de Puebla. Su embajador, Rafael Bielsa, disculpó algunos excesos retóricos de Fernández respecto de Chile, aplicando un marco teórico que hace del análisis semántico la segunda fuente de ignota sabiduría del mandatario argentino. En fin, si todo fuera tanguero, esto serviría, pero no lo es.

Argentina es el vecino necesario y ello es independiente del color político de la administración de Casa Rosada. Por otro lado, los intereses materiales de Chile y Argentina se contraponen en unos casos y se complementan en otros, y sería raro que así no lo fuera porque ambos comparten 5.308 kilómetros de frontera. Hay movilidad de ambas poblaciones, relaciones de todo tipo y aspectos comerciales en común. Además, hay disensiones respecto del territorio austral y polar. Argentina ha procedido unilateralmente a invocar la Convención del Mar para incorporar de suyo propio la plataforma marina que superpone con las delimitaciones chilenas sobre el mar austral y territorio antártico.

Bien se sabe que los intereses nacionales no reconocen simpatías ni gestos gratuitos, y Argentina tiene diseñado un plan de desarrollo nacional que conecta estas acciones con sus pretensiones acerca de las Malvinas, por lo que sería impensable que renunciara a esta acción u otras similares. Esto coloca en entredicho las declaraciones de hermandad y de cooperación en la plataforma marítima, y las pretensiones trasandinas sobre la Antártica y mares australes. Con todo, hay interés en la integración subregional y prueba de lo anterior es la presencia de los gobernadores de Catamarca, San Juan y Salta. El Presidente argentino está buscando enfatizar la seguridad de su país para recibir y mantener inversiones de este lado de la frontera, y tener un eje más concreto respecto de las relaciones con Chile, contaminadas, también, por las discrepancias político ideológicas con el peronismo.

El embajador ha dicho que hay una agenda de futuro enfatizando que Argentina tiene ventajas en cuanto al diseño y lanzamiento de satélites, como también Chile ha concretado su cable submarino, denominado Humboldt, que vía Australia-Nueva Zelandia le conectará al Asia Indo-Pacífico. Buenos Aires está evaluando la posibilidad que esta conectividad chilena le daría para la interacción con el mercado del Pacífico, ya que llegando a Sydney permitirá conectar con Singapur. Argentina está interesada en interrelacionar el proyecto digital con el uso de su satélite SG-1 para el norte de Chile y posibilitar las redes 4G y 5G donde no hay tendido terrestre.

Chile tiene su mayor fortaleza en una mirada pragmática de relación con Australia, China, India, Australia y Corea del Sur, que forma parte de una perspectiva de países medianos, que se plasmó en el proyecto del TTP, y del cual Argentina es un espectador. Por lo cual situarse en posición de competividad puede, teóricamente, dar mayores espaldas a una asociación binacional más fuerte.

Pero, la agenda de integración física, cibernética y de conectividad no es, ni puede ser posible sin una adecuada comunicación mutua. Chile y Argentina son países vecinos, hermanados por historia y geografía, pero también muy distintos en su cultura política. Y los esfuerzos por generar cooperación pasan por renunciar a cierto estilo grandilocuente, no tener atisbos de gerente local al estilo del embajador chino (y menos decidir quién es o no interlocutor válido), ser más realista en el balance de poder, y el lugar de cada cual en el mundo. Eso haría que la retórica se haga compartida. No basta decir integración sin actos y lenguajes que creen comunidad. Sino la visita de Fernández será otra fuente de desencuentros simbólicos (de los cuáles todavía se recuerda la visita de Perón a Chile en 1953), para los cuáles invocar teorías resulta tan gratuito como la falta de educación y diplomacia, y el desenfreno ideológico.

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