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Publicado el 03 de julio, 2020

Cristián Garay: Putin, la URSS, Polonia y la historia

Historiador, académico del Instituto de Estudios Avanzados, USACH Cristián Garay

El presidente ruso ha querido iniciar la gesta de la II Guerra Mundial en la invasión a la URSS, el 22 de junio de 1941, y no donde comienza: en la invasión de Polonia en septiembre de 1939.

Cristián Garay Historiador, académico del Instituto de Estudios Avanzados, USACH

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En sus últimos años, el general Pinochet reveló que estaba leyendo obras nuevas de la II Guerra Mundial que demostraban el peso indiscutible de los soviéticos en la victoria contra Hitler. La verdad es que hay obras bien relevantes sobre la cascada de los dos últimos años del conflicto, cuando la URSS guarnecida en sus fábricas más allá de los Urales empezó a producir cantidades enormes de material bélico, entre ellos tanques y aviones, lo que se reveló en la batalla de Kursk (1943), cuando los T-34 aplastaron a los nuevos Tiger y a los Panther. Con algo de razón Vladimir Putin el jueves 18 de junio dijo que Occidente niega el rol central de la URSS en la que ellos denominan «Gran Guerra Patria», que significó 27 millones de muertos ante la política de extermino de los alemanes. En todo caso, y para no dejar dudas, el propio Putin publicó en la revista The National Interest en Estados Unidos un artículo titulado Las auténticas lecciones del 75 aniversario de la Segunda Guerra Mundial. “No importa lo que algunos intenten probar ahora, la Unión Soviética y el Ejército Rojo hicieron la mayor y más importante contribución a la derrota del nazismo”.

Todo ello es cierto, pero hay una cuestión de valores y de contexto que no se quiere reconocer. La II Guerra Mundial fue un conflicto mundial y no solo la Gran Guerra Patria: esta solo empezó cuando los alemanes violaron el pacto de No Agresión Ribbentrop-Molotov (1939), que permitió a los alemanes invadir Polonia, mientras los soviéticos se apoderaban de los países bálticos (Letonia, Estonia y Lituania) y la otra mitad de Polonia. La confianza en el pacto explica, además de las purgas contra los militares, la débil resistencia de los soviéticos. Stalin aprendió y volvió a enarbolar el patriotismo ruso sacrificando a millones de soldados para detener el avance germano. Claro que, mientras tanto, los materiales bélicos fueron entregados por Estados Unidos por medio de Ley de Préstamos y Arriendos, que permitieron mantener la chispa viva hasta que los soviéticos después de Stalingrado detuvieron el avance.

Dicho lo anterior, Putin ha querido iniciar la gesta de la II Guerra Mundial en la invasión a la URSS, el 22 de junio de 1941, y no donde comienza: en la invasión de Polonia en septiembre de 1939. Es que el Pacto antes mencionado dejó a las democracias occidentales como los adversarios del momento, en un instante reducidos a la Islas Británicas y a un porfiado Winston Churchill. Mientras tanto, alemanes y soviéticos se ocupaban de destruir a Polonia. Los alemanes enviaron a los soviéticos al claustro de la Universidad de Varsovia, a su aristocracia, sus empresarios, y la mitad del cuerpo de oficiales (la otra mitad se rindió a la URSS) para hacer desaparecer la identidad polaca. En los bosques de Katyn los soviéticos se encargaron de culminar la obra asesinando a la élite polaca. Y los tres países bálticos fueron anexados, en lo que Putin considera, ahora, una “anexión legal”.

Todo ello no está solamente detonado por el 75º aniversario de victoria en la II Guerra Mundial. En diciembre de 2019 ya había dicho que Polonia era aliada de Hitler. Esto, en respuesta a un acuerdo del Parlamento Europeo denunciando el Pacto de No Agresión como detonante del conflicto (“puras tonterías”, según Putin), y a Polonia como un país antisemita. De acuerdo a Putin los polacos “concluyeron prácticamente una alianza con Hitler” (24.12.2019). En junio sostuvo que los británicos y alemanes habían firmado un protocolo secreto. Imputaciones sin base documental, pero que permitieron controvertir el peso del acuerdo nazi-soviético que, en su época, también causó escozor no solo entre los demócratas, sino entre los socialistas.

En suma, la Segunda Guerra Mundial fue una gesta de las democracias occidentales, cuyo núcleo de valores se jugaba en los campos de batalla de buena parte del orbe, hasta no donde no acudieron los soviéticos (China, por ejemplo). El reclamo de Putin se entiende dentro de la integración del pasado bolchevique en una mirada nacionalista pos comunista. Ya se sabía de la advertencia de Putin a los profesores de historia para no atacar la figura de Stalin, quien había salvado la nación rusa. La narrativa de la Gran Guerra Patria, a la vez nacionalista y soviética, se integra bien dentro de la continuidad que reconoce entre Iván el Terrible, Catalina la Grande, Alejandro III y Stalin. Bajo esa mirada, el nacionalismo ruso actual pretende también rectificar la mirada de la historia, convirtiendo nuevamente a Polonia en invisible en sus padecimientos.

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