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Publicado el 13 septiembre, 2020

Cristián Garay: El mundo multipolar: Adiós a los valores liberales

Historiador, académico del Instituto de Estudios Avanzados, USACH Cristián Garay

La ilusión unipolar -es decir, la hegemonía global y solitaria de Estados Unidos- ha quedado entre las predicciones fallidas de Francis Fukuyama, así como los valores económicos y de convivencia liberal de Occidente.

Cristián Garay Historiador, académico del Instituto de Estudios Avanzados, USACH
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El sistema internacional está dejando la primacía de los valores genéricamente denominados liberales, esto es, centrados en el individuo, en sus derechos y la ampliación de aquello que Max Weber llamaba la auto individuación; es decir, una confianza progresiva y cada vez más amplia en las necesidades de desarrollo personal sin ninguna jerarquización externa a la racionalidad. La tensión entre el mundo tradicional y el moderno quedaba así descrita de manera contundente y allegada a cierta racionalización progresiva.

Sin embargo, hay varios elementos que destruyeron en dos etapas esa pervivencia. Uno se generó antes de 1990, es decir, antes del fin de la Guerra Fría, y fue la revuelta de la tradición en manos del fundamentalismo. La aparición de la Revolución Islámica (1979) fue un parteaguas entre la confianza ilimitada del mundo moderno en la secularización, y la reaparición progresiva del islamismo, un mundo que se veía desde hacía tres siglos como decadente y moribundo, y cuya mejor expresión en la mentalidad del XIX fue la noción de Nicolás I de Rusia de “el enfermo de Europa”, por el Imperio Turco.

El segundo es post 2011 y fue la fragmentación del poder en manos de actores no estatales con capacidades destructivas, y, posteriormente, el ascenso de China Popular, el resurgimiento ruso, y una serie de potencias intermedias, entre ellas Turquía, Brasil, Indonesia. La consigna del multipolarismo fue el caballo de batalla de las políticas exteriores, sobre todo de Rusia y China Popular, pero también de cuantos estados se sintieron críticos del establishment previo, entre ellos Irán, Irak, Corea del Norte.

El tercero, y más definitivo es el ascenso global de Asia como actor, reemplazando lentamente a los Estados europeos. No solo China Popular y Japón, sino también India, Corea del Sur, Singapur e Indonesia, que están amenazando el lugar de las potencias anglosajonas y de los países del Occidente europeo, y lo seguirán haciendo merced al mismo impulso económico que llevó a China a un segundo lugar global.

Desde este punto de vista, la ilusión unipolar -es decir, la hegemonía global y solitaria de Estados Unidos- ha quedado entre las predicciones fallidas de Francis Fukuyama, y también una parte más universal que era la primacía de los valores económicos y de convivencia liberal de Occidente. En efecto, el oscurecimiento de esos valores afecta no solo a Estados Unidos, sino a Occidente, en tanto nociones. Por ejemplo, los derechos humanos están vinculadas a una expresión ideológica de Occidente. Así lo vieron muchos otros anteriormente, como Mahatma Gandhi. Lo mismo ocurre con la ciudadanía, la democracia representativa, los valores de la corrección política, el lugar de la mujer, los derechos de los niños y adolescentes, etc.

En la consolidación del mundo multipolar lo que apreciamos es la relativización de los valores de Occidente, más allá del rol de Estados Unidos, y la coexistencia de escala de valores distintos. Partiendo con el PIB nominal, donde China, Japón e India están en las diez economías más grandes, se aumenta en el PPP o PIB por paridad de poder de compras, donde India se eleva bastante desde el ranking. Lo que nadie discute es que el rol de China Popular en la economía es central especialmente para los intercambios con el mundo desarrollado (salvo Japón y Australia) y con regiones del mundo como el mundo árabe, el África Subsahariana y América Latina. En este mundo global iliberal cambiarán los códigos de valores declarados (tendrán que rebajarse al nivel de China, mundo islámico y Rusia). Algunos valores tradicionales pervivirán en el nuevo registro de la Civilización Ortodoxa liderada por Rusia, altamente críticas de Occidente, otros tanto en el mundo islámico claramente en antagonismo. Sea como sea el ascenso de los países asiáticos limitará la influencia tradicional continental europea y la del grupo anglosajón. Ello irá más allá de la perdida de liderazgo estadounidense, y de la consolidación -o no- del “sueño chino” en su proyección internacional.

Lo que sí está claro es que el mundo multipolar será mucho más que una coexistencia de poderes encarnados en diferentes potencias: lo que habrá será una primacía retórica del mundo liberal anterior, con enfoques pragmáticos, que es el patrón clásico de cómo se han configurado los sistemas internacionales cuando ya los valores no son comunes.

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