Esta semana se cumplen seis meses desde la instalación de la Convención Constitucional y no hay ningún artículo o norma que haya sido aprobada.

Estos primeros meses han estado enfocados en recibir a personas u organizaciones en audiencias públicas realizadas por cada comisión, producto del reglamento y cronograma que se fijaron, poniendo énfasis en la participación ciudadana. Y recién ahora se están ingresando propuestas de articulados por parte de los convencionales constituyentes que serán votadas entre enero y febrero. En concreto, la discusión de fondo todavía no comienza.

Si bien no se podría hablar de retraso, porque están siguiendo el calendario establecido, lo cierto es que a la Convención le queda poco tiempo para terminar su trabajo y muchos de sus integrantes se están dando cuenta, tal vez tardíamente. Esto se ve reflejado en que las denominadas semanas territoriales – muy parecidas a las semanas distritales que tienen diputados y senadores – fueron pospuestas para aprovechar enero, febrero y marzo en la discusión y votación de las normas. 

Como los convencionales saben que deben apurarse para cumplir con su labor, esto lamentablemente afectará negativamente la calidad del debate y la deliberación de la propuesta de texto constitucional. Y también repercute en la construcción de consensos y la construcción de acuerdos entre los diferentes colectivos. En un espacio donde la mayoría de los convencionales son de izquierda, y por lo tanto han logrado impulsar las reglas que rigen a la Convención, estos deben hacerse responsables de que esté en riesgo el cumplimiento de su tarea.

Y más encima, como si sobrara el tiempo, estas semanas muchos constituyentes han estado preocupados de la elección de la nueva directiva de la Convención Constitucional. La búsqueda de reemplazantes de Elisa Loncon y Jaime Bassa no ha sido fácil, donde una lista importante de nombres esperan presidirla. Además, en medio de la disputa del Frente Amplio con otras fuerzas de izquierda por encabezarla, el PC espera tener un mejor resultado que el recibido en la primera elección y en el posterior nombramiento de coordinadores de cada comisión.

Algo curioso es que la representación de los pueblos originarios en la presidencia/vicepresidencia no ha estado tan presente como al inicio de la Convención. Surgidas las diferencias al interior de la izquierda por quién tiene más poder, lo plurinacional ha quedado, hasta ahora, relegado a posiciones secundarias.

Y aunque suena atractiva la idea de dirigir la mesa directiva, la verdad es que la función que deberán asumir es probablemente más difícil que la mesa actual, porque la discusión no estará centrada solo en temas procedimentales sino que sobre todo de contenidos, resolviendo discrepancias más profundas que aflorarán entre convencionales. Sin dudas esta mesa requerirá más muñeca política para llegar a su destino

Junto con eso, la nueva mesa será la que se relacione con el gobierno que asume el 11 de marzo y también con el nuevo Congreso. El tipo de vínculo con el gobierno será distinto al que tiene hoy la Convención con el Ejecutivo, así como será diferente el trato con el Congreso. En este escenario, no se ve espacio para aumentar el plazo de tiempo para presentar una nueva Constitución, ni plebiscitos intermedios ni menos pedir incrementos en el presupuesto.   

En definitiva, entramos en la recta final y no existe ninguna certeza de que la Convención Constitucional podrá completar adecuadamente su labor.

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