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Publicado el 09 de junio, 2015

Construyendo el país de todos

Todos debemos volver a ser constructores de lo público y emocionarnos con nuestro proyecto de país.
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Cada uno de nosotros requiere sentir que es parte de un entorno que le dé seguridad y que le dé certeza que su vida puede evolucionar sin grandes vaivenes.

No cabe duda que los límites de nuestra convivencia se han ampliado, nuestro actuar en ella también se ha modificado. Con el pasar de los años nos vamos convirtiendo cada uno en actores más relevantes y con mayor poder de incidir en ese entorno socio-económico que requerimos para sentirnos parte de él.

Sin embargo, esta sensación de que existen modos de vida que nos permitirían ser parte de la construcción de Chile, no hacen eco con la clase política y empresarial de nuestro país.

Hoy nos situamos frente a un desgaste de la ciudadanía ante el abuso realizado de parte de diferentes elites de poder, que bloquean su decir y participación.

Sin duda, lo que describo puede sonar para una gran mayoría como algo ya conocido. El comprobar el abuso de estas elites durante décadas nos ha dejado perplejos y, por qué no decirlo, con una desesperanza que se instala en nuestro ser respecto a cuál será el futuro de nuestro país, que actualmente está siendo manejado por líderes que demuestran tanta escasez ética, falta de autocritica y honradez en reconocer lo realizado, actitudes que van mermando aún más la confianza que todos los chilenos debiéramos tener en ellos. Nuestros dirigentes tienen una falta de capacidad reflexiva sobre sí mismos que hace que cada vez que expresan sus ideas o defensas, nuestro ethos de país se hunda y se conflictúe un poco más.

Hoy existe una ausencia absoluta de una pregunta esencial que deben hacerse tanto las personas como las sociedades: el porqué de lo que se obra como ser humano y el porqué de nuestro país. Ese porqué que nos da sentido, coherencia, marco ético de lo que somos y hacemos. Que apoya la razón de ser del tipo de desarrollo humano que le hace sentido a la sociedad. ¿Y dónde se sustentaría ese porqué? En el respeto a los ciudadanos, en la inclusión, en el valor del diálogo, de la responsabilidad frente al otro, la negación a la corrupción y al cohecho, entre muchos otros ejes de desarrollo y valores.

Un sustento que por cierto se alinea con la idea de que la nueva Constitución de Chile goce de algún modo de participación ciudadana. Un modo dialogante desde el cual construiremos las bases de nuestro país, un nuevo modo de hacer política, y un nuevo actuar a través de nuestra ciudadanía, y que bien define el Informe de Desarrollo Humano Chile 2015: “Así, lo político trasciende ampliamente a la política, pero la contiene. ‘Politizar’ es el intento de incorporar un asunto al campo de lo político, es decir, al de las decisiones colectivas. Forman parte de las ‘pugnas de politización’ tanto quienes intentan expandir los límites de lo que se puede decidir socialmente como quienes se oponen a ello”.

Es este actuar desde lo político de la ciudadanía que está generando una tensión de poder, a la cual los liderazgos tradicionales de la élite se oponen en forma rotunda. Sin embargo, al descubrir el tráfico de influencias que ha existido todo este tiempo, les quita el piso y les resta validez para continuar en su hacer dentro del mismo marco que han acostumbrado.

Esta nueva política requiere reconstruir puentes entre los distintos actores, no se puede seguir construyendo sociedad por carriles separados, el siglo XXI nos empuja a romper las fronteras entre los distintos intereses. Se hace urgente volver a darle valor al bien común que, por cierto, es nuestro, y avanzar hacia un país donde cada uno aporte a un proyecto inclusivo, sin discriminación y sin abusos.

Todos debemos volver a ser constructores de lo público y emocionarnos con nuestro proyecto de país. Se hace inminente construir ese nuevo relato de humanidad que nos emocione y convoque a todos. Es imperiosa la presencia de liderazgos adaptativos, amorosos con el otro y con el entorno de las tierras que cobijan nuestro vivir de cada día.

Este nuevo foco de país nos permitirá, y no tengo duda de esto, acercarnos a una solución a la crisis que vivimos hoy en Chile.

Nos queda poco tiempo para reaccionar. Ya que la falta de confianza está llegando a su límite y el impacto ambiental en nuestra geografía se nos muestra cada vez de manera más rotunda, mediante imágenes de sufrimiento de la naturaleza que están afectando nuestra posibilidad de sobrevivir.

Entonces, si queremos perpetuarnos sólo tenemos como opción hacernos todos responsables y actuar ágilmente para reconstruir nuestro ethos de país de un modo colaborativo, ya que hoy nuestro vivir está en tinieblas y con escasas posibilidades de subsistir. El anuncio es claro y el tiempo se va acabando; el tic tac del reloj nos avisa que nos queda poco tiempo… ya que le queda muy poco margen de espera.

 

Soledad Teixidó, presidenta ejecutiva PROhumana.

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO

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