Para muchos actores, el lunes se habría cerrado el “tema constitucional” con el acuerdo al que llegaron diversas fuerzas políticas. Sin embargo, este acuerdo está lejos de ser un “cierre”; muy por el contrario, constituye recién un punto de partida de una etapa que requiere aprender de los errores del pasado, y que debe alejarse del buenismo propio del proceso anterior.

A continuación, algunos elementos que se deberían tener en la discusión constitucional que se desarrollará durante las próximas semanas en el Congreso.

  • El diablo está en los detalles. El acuerdo se debe materializar en una reforma constitucional, y en la discusión de este proyecto es donde los diversos partidos políticos deberán cumplir con la palabra empeñada, evitando artilugios, triquiñuelas o “diversas interpretaciones” en cuanto a lo acordado. Es aquí donde quedará de manifiesto la verdadera voluntad política de querer iniciar un nuevo proceso constitucional, pero sin trampas. No está de más recordar, que el acuerdo de noviembre de 2019 no consideraba escaños reservados, ni candidaturas de independientes, sin perjuicio de lo cual, se terminaron incorporando igual.
  • Bordes vinculantes y no decorativos. Se ha sostenido que las bases constitucionales son una garantía de mínimos comunes que evitarían una propuesta de nueva Constitución radical e inestable (como la propuesta de la Convención Constitucional). Esto último, es solo parcialmente cierto. La única manera que estas bases sean efectivas es que se cumplan materialmente y no solo formalmente. Solo a modo de ejemplo, uno de los bordes es la protección y garantía del “derecho de propiedad en sus diversas manifestaciones”. En principio, esta garantía pareciera suficiente, pero la realidad es que, si no se establece que en caso de expropiación se indemnizará el valor de mercado, este derecho no está verdaderamente protegido. En esto, recordemos la historia reciente. La Convención Constitucional también tuvo “bordes”, los cuales no solo fueron cuestionados (como el concepto de República de Chile que se consideró por una ex convencional y actual funcionaria de gobierno como “invasor”), sino que, en algunos casos derechamente vulnerados.
  • El procedimiento condiciona el resultado. Uno de los grandes errores que se cometieron en el proceso constitucional pasado fue dejarle al “órgano redactor” la facultad de determinar su propio reglamento. Como es sabido, los convencionales constituyentes no solo usaron toda su creatividad para redactar reglamentos que no tuvieron uso (o bien tuvieron un uso acotado), sino que además se zanjaron asuntos de fondo en el reglamento. Esto ocurrió con la plurinacionalidad, por ejemplo.

Tres meses atrás, el sentido común de los chilenos nos dio una lección rechazando una propuesta constitucional nacida de la soberbia, el voluntarismo y la desconexión total con la realidad de las personas.

El Congreso tiene la responsabilidad de hacerse cargo de esto, aprender de los errores y encauzar una reforma constitucional que tenga como base el cumplimiento efectivo de las reglas, y lo más importante, la amistad cívica necesaria para sacar adelante una ley que limite eficazmente el poder y que tome los puntos que nos unan como país, y no los que nos dividan.

Solo así podremos decir que efectivamente se cerró el tema constitucional.

*Constanza Hube, abogada y exconvencional

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