En mi anterior reflexión, establecí, con la ayuda de Lenin, cuál es el concepto de Estado que implica la ideología comunista. Como vimos entonces, para ellos el Estado es el estupendo “invento” de la clase burguesa para someter, controlar y esclavizar al proletariado. La utilización del Estado para ese fin lo logra la burguesía mediante la creación de una subclase que, aparentemente neutra y colocada por encima de la sociedad, está destinada a asegurar el orden público y el respeto a las reglas que permiten la vida en sociedad, pero que en la realidad sirven únicamente a esa burguesía que controla la riqueza y los medios de producción. Esa subclase está compuesta por lo que el marxismo–leninismo considera eunucos de la burguesía: las Fuerzas Armadas, la burocracia gubernamental y el aparato de la llamada “Justicia”.  

De esa concepción del Estado y de la autoasignada tarea de “liberar al proletariado de su servidumbre”, el comunismo concluye que la construcción de la sociedad a que aspira requiere el tránsito por tres etapas muy distintivas. La primera es la etapa de convivencia temporal en un ámbito democrático. En esa etapa, el Partido debe concentrarse en la preparación del proletariado para, llegado el momento adecuado, asaltar el poder constituido. Para realizar esa labor de adoctrinamiento y de preparación de la violencia que será imprescindible, el PC debe aprovechar los espacios de libertad y tolerancia que el sistema democrático hipócritamente ofrece. En esas condiciones, la etapa democrática es necesaria y sería un error tratar de evitarla apresuradamente.

La segunda etapa es la del socialismo, en que habrá que tolerar que la dominen esos despreciables vanguardistas titulados socialdemócratas o de izquierda democrática. Esos se caracterizan esencialmente porque, a diferencia de los comunistas, creen que el Estado puede transformarse en conciliador de las clases sociales que, como ya vimos, son irreconciliables. En esa etapa, también necesaria, el PC debe y puede establecer alianzas temporales que ayuden a alcanzar el control político del gobierno y debe aprovechar el tiempo para escoger en su propia organización lo que será la “vanguardia del proletariado”. En esa etapa, los aburguesados socialdemócratas comienzan a arrebatarle a la burguesía ciertas importantes áreas del poder mediante la creación del Estado empresario y de la banca con fines sociales.

La tercera etapa es la del comunismo pleno, en que el poder se detenta en solitario y se usa al Estado para destruir a la burguesía y a sus subclases políticamente eunucas y para implantar el control directo de los medios de producción y de represión, administrados por la vanguardia proletaria personificada en el PC. Esta etapa es la de constitución de la “dictadura del proletariado”, en que no existe más poder que el popular dirigido y administrado por esa vanguardia. Cuando se complete esa destrucción, ya no habrá clases antagónicas (porque la burguesía habrá desaparecido) y entonces el Estado se extinguirá.

Es ilustrativo y muy interesante observar, a estas alturas, que la desaparición del Estado es por extinción natural y no por destrucción deliberada. Esa diferencia es lo que separa al comunismo del anarquismo, a cuyos cultores también habrá que reprimir.  

Estas etapas, que ilustraremos con algunos párrafos escogidos del propio Lenin, suscitan de inmediato iluminadores comentarios. Desde luego sirven para demostrar que, así definida, la etapa comunista nunca se ha alcanzado pese a periodos larguísimos en el poder absoluto, como ocurrió en la URSS y en todos los países satélites, en China, en Cuba y en algunos otros lugares tan desdichados como esos. En ellos lo único que ha sido visible es un Estado muchísimo más esclavizante y despiadado que cualquiera anterior y en la única parte del mundo en que se han visto esclavos ha sido en los países comunistas y nunca en una de esas despreciadas democracias burguesas.

Pero la característica más importante de la etapa comunista es que solo se puede alcanzar mediante una revolución violenta, puesto que es la etapa en que hay que eliminar no solo a la burguesía sino que a los que fueron “compañeros de ruta” en las etapas anteriores. Tal vez la eliminación más conflictiva del tránsito entre la etapa socialista y la comunista es la disolución de las Fuerzas Armadas regulares y la eliminación de la burocracia propia del Estado burgués.

Para prevenir que algunos crean que todo lo anterior pueda ser una antojadiza interpretación mía de conceptos fuera de contexto, invito a mis lectores a considerar los párrafos que a continuación reproduzco:

“Los grandes problemas en la vida de los pueblos se resuelven solamente por la fuerza. Las propias clases reaccionarias son generalmente las primeras en recurrir a la violencia, a la guerra civil”.

“Es imposible suprimir las clases sin una dictadura de la clase oprimida, del proletariado. La libre unión de las naciones en el socialismo es imposible sin una lucha tenaz, más o menos prolongada, de las repúblicas socialistas contra los estados retrasados”.

“El proletariado necesita el poder estatal, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población para poner en marcha la economía socialista”.

“Pero si el proletariado necesita el Estado como organización especial de la violencia contra la burguesía, de aquí se desprende por sí misma la conclusión de que si es concebible que pueda crearse una organización semejante sin destruir previamente, sin aniquilar la máquina estatal creada para sí por la burguesía”.

“El Estado necesita desahuciar de su vivienda, valiéndose de apremio, a una familia para alojar en ella a otra. Esto lo hace a cada paso el Estado capitalista y lo hará también nuestro Estado proletario o socialista”.

El control del Estado “le da a la clase revolucionaria la posibilidad de destruir, de hacer añicos, de borrar de la faz de la tierra la máquina del Estado burgués, incluso la del Estado burgués republicano, el ejército permanente, la policía y la burocracia y de sustituirlos por una máquina más democrática pero todavía estatal, bajo la forma de las masas obreras armadas como paso a la participación de todo el pueblo en las milicias”.

Todos estos párrafos, y muchos más de ese tipo, se pueden encontrar en diversas obras de Lenin y, como sabemos, lo que afirma Lenin es dogma sagrado para todos los PC que existen o han existido.

Así pues, con estas citas de mi testigo invitado, cierro el caso abierto para demostrar que es aberrante aceptar al PC en el juego político de nuestra democracia representativa. Como fiscal, termino señalando solamente que “a confesión de partes, relevo de pruebas”.

*Orlando Sáenz es empresario.

Nota: Todas las citas de Lenin están rescatadas de sus Obras Escogidas, editorial Progreso, Moscú 1971, macizo libro que compré allí mismo. 

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