Existe la necesidad de que avancemos en compatibilizar mejor la vida familiar y personal con la vida laboral. Para conseguir este loable objetivo se ha propuesto reducir la jornada de trabajo laboral ordinaria por la vía legal. Si esta medida no se acompaña con mayor flexibilidad y adaptabilidad puede no ser efectiva en elevar el bienestar de los trabajadores.

Fuentes y González 2019 señalan que las horas trabajadas son neutras respecto a la satisfacción laboral, es decir, no habría relación entre extensión de la jornada y la satisfacción laboral que manifiestan los trabajadores. Entre las variables que inciden negativamente en la satisfacción laboral destaca la percepción de interferencia del trabajo en la vida familiar y, contrario a lo que se podría suponer, los trabajadores en países con jornadas laborales más cortas declaran una mayor sensación de interferencia del trabajo en sus vidas familiares. Lo clave para incrementar la satisfacción laboral sería la adaptabilidad, entendida como que los trabajadores tengan cierta libertad y autonomía para organizar sus jornadas y, por ejemplo, poder salir en caso de necesidad personal.

Por otro lado, reducir forzadamente la jornada laboral ordinaria puede tener efectos negativos sobre el empleo y los salarios, especialmente en los trabajadores que esta medida busca beneficiar, lo que corresponde a quienes trabajan más de 40 horas a la semana. Es importante señalar que actualmente sólo el 23,5% de los trabajadores en Chile trabaja menos de 40 horas. 

En la coyuntura actual hay factores que elevan la probabilidad de que la reducción de la jornada laboral tenga malos resultados para los trabajadores. En primer lugar, la situación económica es adversa: la economía se desacelera y esperamos una recesión el próximo año, la tasa de ocupación aún no recupera sus niveles pre pandemia y a ello debemos agregar el escenario inflacionario que está llevando a considerables caídas en los salarios reales de los trabajadores. Recordemos que, en 2004, previo a la anterior reducción de la jornada ordinaria aplicada en Chile, el país crecía a una tasa vigorosa de 6,7% y la inflación era baja y estable con sólo 1,07% promedio ese año.

En segundo lugar, actualmente el riesgo de automatización es mayor, esto significa que es más factible la sustitución de trabajo por capital, con lo que la reducción de la jornada legal podría ser más cotosa en términos de empleo.

Tomando en cuenta estos riesgos es necesario diseñar una reforma que minimice los efectos negativos para los trabajadores de reducir la jornada laboral ordinaria. A mayor caída en la producción debido a esta medida, mayor será la caída en los empleo y salarios. Para contrarrestarlo, se pueden implementar políticas que aumenten la productividad. 

Por lo tanto, es fundamental que junto con la reducción de la jornada se implementen medidas que incrementen la flexibilidad. Esto permitiría minimizar los cotos en empleo y salarios, vía el aumento de la productividad asociado a la mayor flexibilidad laboral; y también incrementar la satisfacción de los trabajadores al elevar la adaptabilidad. 

En Horizontal hemos propuesto un conjunto de medidas que permitirían avanzar en flexibilidad laboral y minimizar así los efectos adversos del proyecto de ley de 40 horas. Entre ellas destaca la creación de un Consejo público-privado que monitoree la implementación de la rebaja de la jornada ordinaria para identificar cuellos de botella en la productividad de las empresas en los distintos sectores. Implementar la reducción de la jornada en un período no menor a siete años, primero dando un plazo de ajuste voluntario y luego reduciendo una hora de la jornada al año. Por último, establecer que la jornada laboral de 40 horas se deba cumplir en un período de 3 meses, manteniendo el límite de 10 horas ordinarias al día.

*Soledad Hormazábal es investigadora de Horizontal.

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