Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 31 de octubre, 2015

Colusión: el deber de dar un buen ejemplo

Periodista y Licenciada en Historia UC Rosario Moreno
Son las propias elites las que deben hacer una fuerte introspección para llegar a un diagnóstico, primero individual, luego colectivo. Claramente nos perdimos en una parte del camino, el capitalismo se trasformó en salvaje para algunos.
Rosario Moreno Periodista y Licenciada en Historia UC
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

¿Por qué si yo robo tengo que pagar con cárcel y ellos no? Fue uno de los comentarios que hicieron mis alumnos de Periodismo al analizar el nuevo escándalo de colusión relativo al papel higiénico y derivados. Otros dijeron, “pongámonos a estafar, si total es sólo feo”; “ya hemos perdido la confianza. Esta es otra más”; “el que roba zapatillas se va a la cárcel, el coludido no”.

Son jóvenes de 18 años. ¿Desolador, no? ¿Qué país?, ¿qué sociedad les estamos enseñando? ¿Qué ética les podemos exigir a ellos si nosotros no hemos dado el ancho?

Dejando de lado que es curioso que este escándalo se dé a conocer justo cuando el Registro Civil cumple un mes en huelga ilegal, afectando la vida diaria de millones de chilenos (Señores del gobierno, no se nos va a olvidar), nos centraremos en uno de los infinitos puntos que una vergüenza como la de la colusión significa.

De los tres grandes casos que han saltado a la palestra –farmacias, pollos, confort-, ¿quiénes han estado detrás?, ¿gente inculta?, ¿sin estudios?, ¿sin formación?, ¿gente que vivió en la Granja de los Animales de George Orwell?, ¿o en El Señor de las Moscas, de William Golding? La respuesta es no.

Se trata de empresarios y ejecutivos que han tenido, en su gran mayoría, un mundo de oportunidades, talentos y estudios. Es decir, son líderes, cabecillas de una sociedad, en este caso la empresarial.

Y si son los líderes, porque la vida les ha abierto caminos (y que otros también querrían, pero que no han tenido la misma suerte), debieran tener el deber básico de hacer las cosas bien; de ser correctos; de tener ganancias justas; de cumplir las reglas del juego. ¿Es lo mínimo no?

Entonces, si ellos no cumplen ni siquiera con lo mínimo; ¿qué se le puede pedir al que está cesante, o inscrito en esas eternas listas para poder operarse; o el que se quedó sin colegio por las reformas mal hechas de estos tiempos?

Insisto, ¿qué se les puede exigir, si el que lo tiene todo se aprovecha del otro? Menos mal la integridad en muchos existe. Porque, claramente, el lucro está corrompiendo a demasiados. Porque no se olvide… ¿cuántos casos más de colusión vamos a conocer en el próximo tiempo?, ¿cuántos casos hay que ahora se están perpetrando y que no vamos a saber nunca?

¿Hay que repudiar, entonces, a las empresas?, claro que no. Viva el emprendimiento. Es necesario, y el motor del desarrollo de las sociedades. Pero no a cualquier precio. ¡No! La empresa no puede sólo jactarse de que crea puestos de trabajo, sino que tiene el deber ético de entregar un buen ejemplo a sus trabajadores y a la sociedad entera.

Y no cabe duda de que debe haber muy buenos empleadores, pero por la codicia de unos pocos, por idolatrar la ley del gallinero, la reputación del sector se ve manchada.

¿Dónde quedó el respeto por el otro? ¿No me pueden competir? El empresariado adhiere al mercado, a la libre competencia, entonces, con estos casos, se traiciona a sí mismo y quiebra dolorosamente la confianza a los ciudadanos, porque vemos en muchos de estos grandes empresarios un ejemplo, un ejemplo que ahora se cae a pedazos. Duele. Es duro.

Fíjese que la realidad llega a ser tan severa y tosca que el que camina de a pie ha sido víctima de un círculo vicioso sin saberlo: come en un asado un rico pollo coludido, pero como comió mucho le cayó mal. Va al baño y utiliza papel higiénico coludido. Los dolores siguen. Entonces tiene que ir a la farmacia donde pide remedios coludidos. ¿Dónde va a terminar esta historia? Ya se han anunciado proyectos de ley, penas del infierno de parte de la CPC y la Sofofa, críticas de cuanto especialista hay…

Y seguramente los ciudadanos vamos a reclamar, ¿o perderemos la capacidad de asombro?, pero lo relevante aquí es que son las propias elites las que deben hacer una fuerte introspección para llegar a un diagnóstico, primero individual, luego colectivo. Claramente nos perdimos en una parte del camino, el capitalismo se trasformó en salvaje para algunos. No olvidemos que somos seres humanos, y al que le dieron diez talentos, que los explote para bien, porque con su conducta, y aunque a veces no se dé ni cuenta, está enseñando, y es admirado, y lo quieren imitar… claramente estos capítulos empresariales no son para ser imitados, sino que para sacar lecciones… duras lecciones, partiendo, insisto, por lo individual.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

FOTO: DISEÑO SANDRO BAEZA/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más