El gobierno planteó la necesidad de un acuerdo nacional y de disminuir el poder de fuego de los delincuentes. Esto está muy bien; la voluntad política transversal es fundamental para avanzar en estrategias de largo plazo que combatan el crimen y evitar que el armamento caiga en las manos equivocadas. Pero lo más importante es la coherencia en el mensaje. No es compatible impulsar un acuerdo de indulto para los presos de la revuelta y reprimir las manifestaciones de los viernes. Los mensajes opuestos sólo contribuyen a cuestionar la intención real que pueda tener nuestro liderazgo. 

En comunicaciones es muy importante entender al receptor del mensaje, saber a quién le estoy hablando para conseguir el impacto deseado. No es lo mismo hablar como presidente, candidato, diputado o dirigente estudiantil. El receptor cambia y el mensaje tiene matices. Sin embargo, el primer mandatario de la nación les habla a todos los chilenos, a quienes votaron por él y a quienes no. Entonces, cuando se observa falta de coherencia entre el antes y el después, resulta imposible, para quienes no le dimos el voto, al menos cuestionar la real intención detrás de sus palabras. 

En su gira por Magallanes, el Presidente Boric afirmó que “no podemos seguir permitiendo esta violencia, no podemos seguir permitiendo este descontrol de armas ni de delincuentes”. Pero, veamos cómo este mensaje se condice con las acciones. La primera medida del gobierno fue el retiro de 139 querellas por Ley de Seguridad del Estado aplicada en el contexto del estallido social que permitió la detención de personas por distintos delitos. En el marco de las protestas por el Día del Joven Combatiente, la ministra del Interior afirmaba que el gobierno no iba a tolerar ataques violentos y entregaba su respaldo a Carabineros.

En la Macrozona Sur, esta semana se propuso la creación de estados intermedios para la protección de las rutas en el país, donde las Fuerzas Armadas pudieran cumplir labores de resguardo. Hace dos años, cuando Gabriel Boric, Giorgio Jackson y Camila Vallejo eran diputados, votaron en contra del proyecto de Infraestructura Crítica, que justamente apuntaba a objetivos similares. 

El jueves recién pasado, la ministra del Interior afirmaba que “necesitamos disminuir el poder de fuego de los delincuentes”. Hace dos años, las mismas autoridades mencionadas, en su calidad de diputados, votaron en contra del proyecto de control de armas. Es más, el actual ministro Secretario General de la Presidencia reconoció que junto al Presidente votaron en contra como protesta. 

Los mensajes de entonces no parecieran ser coherentes con los de hoy. Se entiende que el receptor cambió. Pero esa modificación lleva a matices, no a transformaciones de fondo. No puedo avalar la violencia como una forma de manifestación y después reprimirla por ello. En un contexto donde las palabras importan, la coherencia de su contenido es la piedra angular que sostendrá el discurso del gobierno y, lo más importante, generará la credibilidad de los ciudadanos en él. Antes que el desarrollo, bienestar y seguridad, se debe construir un relato coherente donde se comprenda el peso de las palabras y que entregue legitimidad a sus acciones. De otra forma, sólo vendrán cuestionamientos. 

*Pilar Lizana es investigadora de Athena Lab.

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