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Publicado el 04 de diciembre, 2016

Código de Aguas: ¿Reforma Agraria 2.0?

Periodista y Licenciada en Historia UC Rosario Moreno
El 80% del agua se despilfarra por falta de inversiones. ¿Por qué se les endosa el entuerto a los privados expropiándoles un bien que les pertenece?
Rosario Moreno Periodista y Licenciada en Historia UC
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Imagínese que usted está muy orgulloso viviendo en su casa, que es el fruto de haber ahorrado por años para pagar el crédito hipotecario, y resulta que de golpe y porrazo lo notifican de que de ahora en adelante, si bien la podrá usar, el Estado decidirá si le quita el techo, baños y cocina, pues los quiere utilizar para otros fines.

¿Lo consideraría justo? Me imagino que no, porque le estarían expropiando algo que es suyo y por lo cual pagó. ¿Podría vender esa casa sin techo, ni cocina, ni baños en el precio que la compró? Claro que no. ¿Le parece ridículo el ejemplo? No crea que es tan pedestre y alejado de la realidad, pues algo parecido le podría ocurrir a más de 350 mil agricultores regantes en el futuro cercano.

En estos días, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley que reforma el actual Código de Aguas, pasando a cumplir su segundo trámite constitucional al Senado. El Gobierno pretende que el derecho de propiedad privada del agua, ahora, en el fondo, deje de serlo. Es decir, si usted tiene una parcela o campo que incluye el derecho a regar, porque pagó por él, resulta que ahora no será así, sino que le darán un permiso para usar el agua vía concesión. El agua ya no será suya, se la prestarán. Y como todo lo prestado puede ser quitado, si el Estado quiere, se lo arrebata.

Y se seca su campo, ¡mierda!

Entonces, como ya no podrá regar, todo se le va a secar. Por consiguiente, va a quebrar y se tendrá que conformar con mirar ese pequeño desierto propio, porque dudo que alguien se lo quiera comprar (el precio bajaría al menos 50%, que es el valor comercial que tiene el agua para un predio hoy). ¿De qué sirve la tierra sin agua? Para pararse en ella. Y si tiene muchísima suerte, encontrar un pozo petrolero.

¿Pero cómo puede haber una ley tan errada, se preguntará usted? Entre los argumentos a favor está asegurar el abastecimiento humano como principal uso (Chile tiene una cobertura de 95% de agua potable, y tan solo ocupa para ello el 5% del agua utilizada); el cuidado del medio ambiente, etc. Pero el tema de fondo está en transformar al agua en bien nacional de uso público. En chileno, expropiar un bien, que hasta ahora había sido privado, para pasárselo a papá Estado. Mmm…, peligroso, porque aquí lo que se está tapando es la negligencia con que ha operado el Estado en materia de aguas.

¿Sabía usted, por ejemplo, que al mar llega un 80% del agua dulce de Chile? Es decir, el 80% del agua se despilfarra porque no se han hecho las inversiones necesarias para usarla. ¿Es culpa de los agricultores eso? No. ¿Deber del Estado? Sí. Entonces, ¿Por qué se les endosa el entuerto a los privados?

Huele a la senda de la retroexcavadora. A que el Gobierno se vuelva el dueño monopólico del vital elemento para administrarlo a su manera y antojo a través de la Dirección General de Aguas (DGA). ¿No será demasiado poder para un organismo? ¿Han pensado los honorables que aquí se está violando el derecho a la propiedad privada? Al menos los de la Nueva Mayoría, no, ya que votaron el proyecto a favor. Aquí, claramente, no se le ha tomado el peso, por la verborrea de la ideología, a esta gran involución.

Pero tampoco hay que ser ciegos. Grandes empresas abusaron, por años, de los derechos de propiedad del agua, sin tomarle el peso a la responsabilidad que tenían sobre ella. También se han denunciado aprovechamientos de mal uso de patentes que han sido publicados en la prensa. Obvio que aquello debe ser enmendado y corregido, pero, ¿es la expropiación del agua, o una Reforma Agraria 2.0, la solución para aquello? Y de nuevo la retroexcavadora. El Gobierno cree que sí. Los más sensatos están por reforzar los mecanismos de fiscalización que hoy existen (más DGA en terreno, por ejemplo) y por aumentar las multas por agua mal utilizada, entre otras cosas.

Pero claro, eso le cuesta dinero y mayor gestión al Estado, y ellos quieren que les salga fácil y gratis.

Si usted está leyendo, goce su casa, no sabemos qué pasará mañana. A los agricultores les está tocando. No sé por qué me acordé de esa película que tanto éxito tuvo en su tiempo: “La Guerra del Fuego”.

 

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC

 

 

Foto: MARCELO SEGURA/AGENCIAUNO

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