Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 1 diciembre, 2020

Claudio Hohmann: Posverdad y teorías conspirativas

Ingeniero civil, ex ministro de Estado Claudio Hohmann

Nuestro país no está de ningún modo libre del fenómeno, sobre todo considerando que la confianza en algunas de las instituciones más importantes para el devenir de nuestra democracia pasan por su peor momento. Justo lo contrario de lo que esperábamos de la sociedad de la información.

Claudio Hohmann Ingeniero civil, ex ministro de Estado
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Una posverdad que desafía la evidencia y el conocimiento es un fenómeno de cuidado, sobre todo cuando tiene el potencial de difundirse a un grupo amplio de la sociedad, y de incidir en el comportamiento de las personas. Pero su consecuencia más seria es devenir en teoría conspirativa, una narrativa de mayor amplitud y profundidad con una gran capacidad divisiva.

Si se atiende detenidamente al fenómeno, se podrá constatar que una posverdad, en tanto versión alternativa al conocimiento o evidencia que da cuenta de un determinado fenómeno, necesariamente toca otros aspectos que le son consustanciales, sin los cuales no podría sostenerse. Para dotarse de una mínima consistencia requiere de un contexto argumental en el cual encontrará sentido. Si Ud. creyera, por ejemplo, que la huella dactilar no existe -esto es, que no es una característica individual que posibilita la identificación de las personas más allá de toda duda-, a pesar de lo cual las autoridades lo obligan a impregnar sus dedos con un colorante para registrarla en numerosos documentos públicos, entonces ya no es sólo que Ud. crea en lo que por definición sería una posverdad -la huella dactilar es un rasgo único de cada persona-, sino que también ha de hacer suya una teoría conspirativa capaz de dar un sentido al comportamiento de esas autoridades y de los actores que supuestamente se beneficiarían de él. Los efectos de la posverdad no se limitarían, en este caso, al simple acto de negarse a estampar la huella digital, de por sí una decisión que tendría un efecto no menor si la adoptara un grupo relevante de personas, sino que se extenderían al campo mucho más amplio de la institucionalidad y del poder.

No se trata entonces de la simple creencia en una versión alternativa al conocimiento, que podría ser relativamente inocua, sino que de una elucubración que supone objetivos y fines espurios, distintos de lo públicamente conocido, a partir de los cuales la posverdad de que se trate se confirma plenamente para quien la hace suya.

Las teorías conspirativas se caracterizan por oponerse a las verdades oficiales, institucionales o científicas, confiriéndole al mundo un significado y un propósito oculto. La “historia oficial” sería una gran mentira que se propaga para beneficiar intereses oscuros y poderosos. Tienen, por tanto, la capacidad de generar hondas divisiones en la sociedad, en la medida que los creyentes y los escépticos de pronto se separan en distintos bandos, los mismos que compartían un relato común antes de su aparición. Un fenómeno que solía desenvolverse en espacios más bien marginales, en los últimos años, de la mano de las redes sociales, ha devenido en un problema de consideración. Las estimaciones en torno a la cantidad de estadounidenses que creen en al menos una teoría conspirativa -entre ellas la del “Estado profundo” supuestamente dominado por élites corruptas- rondan el 50 por ciento. Es altamente probable que este porcentaje se haya incrementado con ocasión de la pandemia del coronavirus. El problema es que su diseminación supone una grave amenaza para la confianza y la cohesión social, constituyéndose en acelerante de la polarización que se observa actualmente en la mayoría de las sociedades desarrolladas.

Nuestro país no está de ningún modo libre del fenómeno, sobre todo considerando que la confianza en algunas de las instituciones más importantes para el devenir de nuestra democracia pasan por su peor momento, abriendo un espacio favorable para la proliferación de la posverdad y las teorías conspirativas. Justo lo contrario de lo que esperábamos de la sociedad de la información, un momento de la historia en que las creencias y los mitos parecía que cederían a la abrumadora evidencia del conocimiento y la verdad.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO
Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO