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Publicado el 11 mayo, 2021

Claudio Hohmann: Liderazgos presidenciales vs liderazgos efímeros

Ingeniero civil, ex ministro de Estado Claudio Hohmann

Dos interrogantes emergen a partir de esta distinción de liderazgos, necesaria para analizar los resultados de las encuestas de opinión.

Claudio Hohmann Ingeniero civil, ex ministro de Estado
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A poco del estallido social, en la encuesta CEP de enero de 2020 el Presidente Piñera alcanzó una bajísima evaluación positiva, magros siete puntos, y la apreciación negativa más alta (76%) de entre todas las personalidades políticas bajo evaluación. Ese resultado representó el abierto rechazo a la gestión del gobernante que se dejó sentir a partir del 18-O. Un nivel tan bajo de aprobación no dejó de ser llamativo toda vez que implicaba necesariamente que un grueso contingente de simpatizantes de derecha le quitaban su apoyo.

En la encuesta que se dio a conocer hace unos días -la primera del CEP desde el primer contagio por coronavirus en el país en marzo de 2020- se repite la baja evaluación de Piñera, aunque mejorando levemente en ambas categorías. Pero lo cierto es que un razonable manejo de la crisis sanitaria -en esta materia lo ha hecho notablemente mejor que la mayoría de sus colegas latinoamericanos- no ha sido suficiente para revertir una imagen abiertamente negativa, que llama la atención por su persistencia y dureza.

No hace mucho que las cosas lucían muy distintas para el único gobernante de derecha que ha elegido el país -dos veces a falta de una- en más de medio siglo. A mediados de la década pasada el Presidente aparecía seguidamente entre las personalidades mejor evaluadas en las encuestas del CEP. Hace cinco años, en el otoño de 2016, ocupó el segundo lugar, detrás de Alejandro Guillier. Un año después, en agosto de 2017, la encuesta CEP lo encontró empatado con Alejandro Guillier en un envidiable primer lugar. Meses después sería elegido por segunda vez, con una cómoda mayoría, para un segundo mandato.

El caso de Piñera es un ejemplo de un liderazgo de tipo presidencial, en el sentido que una alta valoración en las encuestas se traduce finalmente en un buen resultado electoral. El de Michelle Bachelet es paradigmático. Su súbita ascensión al primer lugar en las encuestas CEP -con porcentajes del 84% de aprobación en diciembre de 2003, que hoy serían una quimera-, la llevó a la más alta magistratura de la nación, la primera chilena en alcanzar semejante logro. No debe haber un ejemplo más nítido de un liderazgo presidencial expresado con elocuencia en las encuestas de opinión pública.

En contraste, hay lo que podríamos considerar liderazgos efímeros, que por ello mismo –el breve tiempo en que se manifiestan– son más numerosos. En estos casos se trata de políticos que asoman de pronto en lo más alto de las encuestas, pero que no logran permanecer allí, ni mucho menos convertir esa ocasional posición privilegiada en un potencial electoral. El primer lugar de Isabel Allende en la encuesta CEP de abril de 2015 es un notable ejemplo de un liderazgo efímero que, aunque por momentos pareció que podría transformarse en uno presidencial, se diluyó rápidamente. En las dos siguientes fue superada respectivamente por Marco Enríquez-Ominami y Giorgio Jackson, este último un liderazgo que destelló en la encuesta de noviembre de ese año, pero que tampoco persistió en el tiempo. Asimismo, el primer lugar de Beatriz Sánchez en mayo de 2017, la única vez que estuvo allí en una encuesta CEP, no se tradujo finalmente en un liderazgo de tipo presidencial. Lo mismo podría decirse de Marco Enríquez-Ominami que apareció liderando las preferencias en agosto de 2015 (también lo hizo, empatado con Bachelet, en noviembre de 2014), y que no pudo saltar desde esas fulgurantes apariciones en lo más alto de ranking político al ámbito de los liderazgos presidenciales.

Dos interrogantes emergen a partir de esta distinción de liderazgos, necesaria para analizar los resultados de las encuestas de opinión. La primera es si el de Joaquín Lavín, un sólido 56% en la encuesta CEP de mayo de 2019 (había liderado también en noviembre de 2018 y se mantuvo a la cabeza, aunque con una aprobación castigada por el estallido social, en enero de 2020), conservará los rasgos del liderazgo presidencial que ha venido cultivando por largo tiempo, pero que, sorprendentemente, resultó amagado en la encuesta CEP de abril pasado –sus competidores de la centro-derecha se le acercaron casi hasta alcanzarlo–. La segunda es si la primera posición de Pamela Jiles en esa misma encuesta será un liderazgo efímero, a la manera que lo fueron los de Jackson y Sánchez, antes mencionados, o irá en camino de transformarse en un liderazgo con potencial presidencial. Queda poco tiempo para encontrar respuestas a estas acuciantes preguntas.

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