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Publicado el 20 julio, 2021

Claudio Hohmann: La confusión entre neoliberalismo y modernización capitalista

Ingeniero civil, ex ministro de Estado Claudio Hohmann

Existe el riesgo que aquellas instituciones que son necesarias e indispensables para alcanzar el desarrollo, pero consideradas erróneamente como nutrientes del neoliberalismo, sean profundamente reformadas o, peor todavía, removidas en la nueva Carta Fundamental.

Claudio Hohmann Ingeniero civil, ex ministro de Estado
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La mayoría de los economistas coinciden en los pilares económicos sobre los cuales ocurre y se expande el crecimiento: estado de derecho, apertura comercial y financiera, estabilidad de precios y sostenibilidad fiscal, entre otros. Dichos pilares se expresan en un conjunto de instituciones que se orientan a posibilitar e impulsar la inversión, a incrementar la productividad y la competitividad, a controlar la estabilidad fiscal y la inflación, a vigilar la competencia en los mercados, etcétera. El complejo entramado institucional, que adquiere distintas fisonomías y matices en cada economía y que evoluciona en el tiempo, constituye la base fundamental de la modernización capitalista que han abrazado todos los países desarrollados para alcanzar ese estatus privilegiado del desarrollo humano que el mundo subdesarrollado contempla desde lejos –y en algunos casos cada vez a mayor distancia–.

Chile lleva más de tres décadas con su propia versión de modernización capitalista, que lo ha puesto a las puertas del desarrollo. Por momentos parecíamos uno de los mejores candidatos a integrar ese privilegiado club cuyas virtudes –la superación de la pobreza es su logro más apreciado– ninguna nación latinoamericana ha logrado fraguar. Pero nuestra versión tiene un aspecto distintivo: es un capitalismo neoliberal, al que de pronto se le ven solo males y casi ninguna virtud. Superarlo se ha convertido en el objetivo político declarado de corrientes políticas y movimientos ciudadanos que tienen ahora la oportunidad histórica de corregir o, más todavía, de superar el modelo neoliberal. Cuentan con una impensada mayoría en la Convención Constitucional, para desde allí eliminar todo rastro de neoliberalismo entre nosotros –o lo que entienden de él–, lo que podría significar el fin de algunas de las instituciones más valiosas de la democracia representativa y liberal.

¿Podría la superación del neoliberalismo arrastrar consigo al proceso de modernización capitalista? En principio, una cosa no implica la otra, pero para muchos la línea es demasiado tenue como para distinguir la diferencia. De hecho, no son pocos los que asumen sin más que las instituciones que han dado lugar al país de los últimos 30 años -un delicado entramado institucional implementado al amparo de la Constitución de 1980- serían “neoliberales”, aunque tan sólo sea por su pecado de origen y de contexto. En consecuencia, existe el riesgo que aquellas que son necesarias e indispensables para alcanzar el desarrollo, pero consideradas erróneamente como nutrientes del neoliberalismo, sean profundamente reformadas o, peor todavía, removidas en la nueva Carta Fundamental.

No dejarse llevar por la confusión -nótese que una parte relevante de la institucionalidad económica es anterior a la Constitución de 1980- se vuelve de pronto un asunto crítico para el futuro de nuestro país. No sea cosa que, como reza el dicho, con el agua de la bañera se vaya también el niño, esto es, la institucionalidad que posibilita el crecimiento económico -que requeriremos a raudales en los años que vienen- y la reducción de la pobreza, incrementada ahora entre nosotros, un objetivo irrenunciable de las políticas públicas que deberá ser retomado con nuevo énfasis.

“El antineoliberalismo es un mar sin orillas”, escribió José Antonio Viera-Gallo en una columna reciente. Es de esperar que no se transforme en un tsunami que arrastre a su paso las bases institucionales de la modernización capitalista dejándonos a la vera del camino -un pasillo estrecho- que conduce al desarrollo.

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