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Publicado el 07 de marzo, 2019

Claudio Hohmann: Ganó Guillier

Ingeniero civil, ex ministro de Estado Claudio Hohmann

Si esta hubiese sido la noticia el 21 de diciembre de 2017, ¿qué habría sido distinto en Chile el último año? Ciertamente es en el ámbito económico donde se habrían manifestado las diferencias más profundas, y con serias consecuencias para el desarrollo del país.

Claudio Hohmann Ingeniero civil, ex ministro de Estado
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En octubre pasado, con ocasión del aniversario del plebiscito de 1988, Eugenio Tironi escribió una novedosa columna en clave contrafactual bajo el título “Ganó el Sí”. La iniciaba con la pregunta del millón: ¿qué habría sucedido en el país de haber triunfado esa opción? “El destino de Chile habría sido muy diferente, y desde luego más sombrío”, concluía el autor, apoyándose en una lógica irrebatible.

Cuando se cumple un año de la segunda presidencia de Sebastián Piñera me he tentado a realizar mi propio ejercicio contrafactual. ¿Qué habría sucedido en Chile de haber triunfado Guillier? Aunque en este caso el poco tiempo transcurrido no permite beneficiarse de la perspectiva histórica, transcurrido un año de gobierno se pueden extraer valiosas conclusiones.

Ganó Guillier, impidiendo por estrecho margen un segundo gobierno de Piñera. Si esta hubiese sido la noticia el 21 de diciembre de 2017, ¿qué habría sido distinto en Chile el último año? Ciertamente es en el ámbito económico donde se habrían manifestado las diferencias más profundas, y con serias consecuencias para el desarrollo del país. Veamos.

La falta de confianza de los agentes económicos en el segundo gobierno de la Nueva Mayoría se habría mantenido sin mayores variaciones respecto de los años precedentes. Como consecuencia de ello, en 2018 Chile habría cerrado un quinquenio de bajo crecimiento, con un promedio inferior al 2%, el de peor desempeño en muchas décadas. Para empeorar las cosas, la inversión habría experimentado otro año de caída y sin señales de recuperación a la vista. La mayoría de los analistas estarían proyectando un bajo crecimiento también para 2019. El bajo dinamismo de la economía, del empleo y los salarios (esto últimos habían mostrado una notable resilencia durante el gobierno de Bachelet), ya habrían dejado sentir sus efectos con mayor intensidad durante el primer año de gobierno y con perspectivas de empeorar en el segundo.

Salir de de la trampa de los países de ingreso medio ha demostrado una tarea casi imposible para una gran cantidad de ellos, por lo que evitarlo a toda costa ha de convertirse en un foco central del quehacer político.

Con una inversión crónicamente deprimida, las cuentas fiscales en niveles inquietantes y la deuda pública creciendo, la proyección de bajo crecimiento se extendería a la totalidad del período de gobierno, dando lugar a un escenario inédito para los ciudadanos nacidos en los ochenta y los nuevos grupos medios, que no han conocido un período tan largo de magro desempeño económico como este. Semejante trayectoria nos habría acercado peligrosamente a la trampa de los países de ingreso medio, esto es, la imposibilidad de sostener un crecimiento superior (por ejemplo, del 4 o 5% anual) por un tiempo prolongado. Salir de ese pozo se ha demostrado una tarea casi imposible para una gran cantidad de países, por lo que evitarlo a toda costa ha de convertirse en un foco central del quehacer político.

En otros frentes las cosas no habrían ido mucho mejor. El atolladero en que se ha convertido el drama de Venezuela para la izquierda chilena estaría golpeando con fuerza al gobierno, paralizado entre las facciones que apoyan al chavismo y las que toman distancian de él. ¿Habría reconocido a Juan Guaidó, como lo hicieron la mayoría de los países del continente, o se habría mantenido irresoluto, en línea con unos pocos que dan por legítimo al régimen de Maduro? La sola posibilidad de un reconocimiento del presidente encargado de Venezuela habría producido un quiebre político de envergadura en el seno gobierno.

Por otro lado, la inmigración, sin control en los últimos años del gobierno de Bachelet, y la insospechada crisis de Carabineros, son el tipo de problemas que, en lugar de encontrar espacios de solución, pudieron mantenerse latentes o hasta agravarse en el primer año del gobierno de Guillier.

Si el cambio de mando de hace un año hubiera tenido a Guillier de protagonista, ¿habría sido muy diferente el destino de Chile, y más sombrío, parafraseando a Eugenio Tironi? A la luz de este ejercicio todo indica que sí. Quizás no todos lo tuvieron a la vista cuando votaron, pero en ese momento crucial estuvo en juego nuestro camino al desarrollo.

FOTO:RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

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