Desde que asumiera la primera magistratura hace poco menos de diez meses el Presidente Boric ha sido un protagonista recurrente en las numerosas columnas de opinión que se publican semanalmente en el país.

El más joven de los mandatarios que hemos elegido en nuestra historia, al mando de una de las naciones más presidencialistas del orbe, que pasa por uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas -ni más ni menos que abocada por segunda vez, después de un intento fallido, a elaborar una nueva Constitución-, Boric no podía sino convertirse en la figura estelar de los espacios dedicados al análisis sesudo de la política nacional, sobre todo para auscultar lo que nos depara la incertidumbre de un futuro cada menos previsible.

Casi no pasa semana que algún columnista agudo no le dedique algunos párrafos al bisoño gobernante, cuando no el título de su columna, a partir de sus acciones y decisiones que suelen ser una rica fuente de debate intelectual. Sus dichos -los que acaba de emitir sobre los indultos son el mejor ejemplo- e incluso sus gestos son ingredientes de primera mano para quienes desde esas tribunas (incluida esta)  procuran inteligir la estrategia política y los pasos del Gobierno.

Ninguno de sus antecesores en el sillón de O’Higgins fue objeto de semejante escrutinio. Aylwin, el líder de la recuperación de la democracia, no concitó mayormente la atención de los analistas políticos cuando el columnismo, es cierto, no era todavía el amplio espacio de reflexión en el que ha devenido actualmente. Ayudó a ello su estilo cuidadamente republicano y el hecho que gobernó con destacados ministros que hicieron historia -la dupla de Foxley y Boeninger figura entre lo más granado de los gabinetes ministeriales de los 30 años.

Frei Ruiz-Tagle fue quizá del que menos se escribió en esos espacios donde plumas de excelencia son capaces de ver allí donde las tupidas ramas no dejan ver el bosque. Para un Presidente enfocado sobre todo en la modernización de la infraestructura y la logística fue todo un logro que esos agudos pensadores apenas se fijaran en él, normalmente mucho más entusiastas con los enredos políticos e institucionales que con las concesiones viales y la transformación digital. Ni siquiera el Presidente Lagos, el primer socialista en La Moneda desde que gobernara la Unidad Popular a inicios de los ’70, fue una personalidad convertida en obsesión del columnismo de su tiempo, como sucede ahora con Boric.

Las copiosas columnas que se han escrito sobre el Presidente (solo el último fin de semana fueron varias y de las más destacadas), habla más bien de un problema que de una virtud. Dilucidar el misterio de la personalidad de Boric se ha vuelto un ejercicio recurrente, alimentado por las idas y venidas, vueltas y contravueltas, de un joven izquierdista para el que la rebelión emocional e irreflexiva ante la desigualdad que produce la modernización capitalista ha sido una forma de vida (no importando que la desigualdad se haya morigerado respecto de la que enfrentaron las generaciones de chilenos que lo precedieron). No hace tanto, un año y un poco más, que el Presidente la vivía sin las contradicciones que de pronto se le han aparecido ejerciendo su elevado cargo.

“El compañero Boric” como lo puso Patricio Navia esta misma semana, «se siente mucho más cómodo siendo el líder estudiantil accidentalmente devenido en Presidente”. Lo que está en juego lo resume bien José Joaquín Brunner en una pregunta: “¿podrá salir adelante así, envuelto en contradicciones, en un año donde estará enfrentado a retos simultáneos de enorme envergadura?”.

La mayoría de los que han venido escribiendo sobre el Presidente en sus diez meses de gobierno, incluso algunos que lo hacen con una contenida benevolencia, ya comienzan a dudar que la respuesta a esa interrogante pueda ser positiva. Desde la recuperación de la democracia que el futuro para los chilenos no aparecía así de incierto.

*Claudio Hohmann es ingeniero civil y ex ministro de Transportes y Telecomunicaciones

Claudio Hohmann

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

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