En 1952 ENAMI inauguró la fundición Paipote en Atacama. Una década más tarde, entraba en operación la fundición Ventanas de la misma empresa en Valparaíso, que más adelante fue transferida a CODELCO, marcando a fuego la historia ambiental de Chile. En ambas localidades se generaron impactos inaceptables por más de medio siglo. Amargamente, en estas verdaderas zonas sobresaturadas por contaminación, aún persisten emergencias caracterizadas por altos niveles de dióxido de azufre, la última con cientos de intoxicados. 

En 1947 cuando se inició la construcción de Paipote, los efectos mortales de la exposición a contaminantes atmosféricos eran desconocidos. Fue recién en 1948 en la ciudad de Donora en Estados Unidos donde se registró la primera intoxicación masiva por mala calidad del aire. A 40 km de la capital del acero en Pittsburgh en el estado de Pennsylvania, decenas de personas murieron en una semana producto de las emisiones de la fundición de metales. 

Posteriormente, conjuntamente a la apertura de Paipote, una nube tóxica en Londres en el Reino Unido produjo la muerte de miles de personas en espacio de días. Ambos eventos, que se describen de forma magistral por la renombrada epidemióloga Devra Davis en su libro “Cuando el humo corría como agua”, fueron claves en el desarrollo de la regulación ambiental moderna y obligaron a dar estatus legal a instrumentos de gestión ambiental ampliamente utilizados como normas de calidad y de emisión.

La regulación ambiental de múltiples administraciones ha logrado mejorar la calidad del aire en Chile. En 1961 se dictó́ la primera normativa para evitar emanaciones de cualquier naturaleza y en 1978 se introdujo la primera norma de calidad del aire. En tanto, en Concón, Quintero y Puchuncaví, desde el primer plan de descontaminación en 1993 se han reducido a un décimo las emisiones. Esto contabiliza los avances obtenidos mediante la implementación de las normas de emisión de centrales termoeléctricas el 2011, de fundiciones el 2013, las nuevas exigencias en la actualización del plan el 2019 y el retiro del carbón desde el 2021. 

El último esfuerzo estatal corresponde al cierre de la fundición de Ventanas, que se planifica ejecutar a fines de esta década. Sin embargo, más allá de lo simbólico, esta acción por sí misma no solucionará la crisis socioambiental de esta zona y no debe ser vista con complacencia. Es un eslabón más en el largo proceso de descontaminación. Persistirá la amenaza de otros contaminantes atmosféricos no normados, como es el caso de compuestos orgánicos volátiles. Seguirá también causando estragos la contaminación históricamente acumulada en sedimentos marinos y en el suelo.

Así como los dramáticos eventos en Pennsylvania dieron luces de cómo realizar una gestión ambiental efectiva, también podemos aprender de su experiencia en el cese de fundiciones a fines de los ochenta. Pittsburgh pasó de ser el principal polo de producción de acero a nivel mundial, a convertirse en uno de sus principales centros de tecnológicos. El cese de esta industria fue acompañado de más y mejor regulación, de la promoción del emprendimiento, de la rehabilitación del centro urbano y del recambio de su matriz productiva mediante investigación de vanguardia. Algunas plantas fueron renovadas, otras reconvertidas para realizar nuevas actividades comerciales.

La colaboración virtuosa entre el sector público, privado y la academia permitieron proteger a la población y asegurar la actividad económica que da sustento a la comunidad local. Con este ejemplo, es posible delinear la recuperación de Concón, Quintero y Puchuncaví. Este cordón industrial representa un nodo estratégico para el sector energético y minero, y cuenta con diversa infraestructura que puede ser clave para fomentar la naciente industria de los combustibles sintéticos, para acelerar la minería verde y para recobrar el turismo en la región.

Sin embargo, si queremos impulsar esta transformación, es prioritario reconstruir el tejido económico, social y cultural de estas localidades. Se requiere inversión en educación y salud, renovar vecindarios y el borde costero, remediar la bahía y áreas residenciales, reforzar la normativa ambiental, desarrollar áreas verdes de alto estándar, y asegurar el acceso a servicios básicos como agua potable y saneamiento. También es mandatorio potenciar esta zona como centro de conocimiento. Más que el cierre de empresas, se debe buscar su revalorización. Nadie puede restarse de este desafío.

*Cristóbal de la Maza, Centro de Políticas Públicas, Facultad de Economía, Universidad San Sebastián. Ex Superintendente de Medio Ambiente 2019-2022

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