Previo al proceso constitucional muchos miraron con simpatía los cabildos, las iniciativas de participación ciudadana, la consulta indígena y otros diversos ejercicios democráticos ofertados durante las campañas como terapia de reconciliación colectiva -y necesaria- entre los chilenos. Posteriormente, al enorme listado de errores de forma relativos al proceso constitucional como los corpóreos, el abucheo a nuestro himno, Rojas Vade, la ducha y otros de similar importancia y connotación pública, se agregarían los penosos resultados de dicha terapia de reconciliación colectiva. No obstante, sus promotores le darían una interpretación antojadiza y opuesta, utilizándolos para dotar a la propuesta de texto constitucional de aquello que esencialmente adolece: un carácter democrático. 

La verdad de los datos tras el relato no es muy elegante. Partamos por los cabildos o encuentros autoconvocados. ¿Sabía usted que se llevaron a cabo sólo 325 cabildos durante todo el proceso constitucional y -en su mayoría- con una muy baja participación? Pongámoslo en perspectiva: Chile tiene 346 comunas, es decir, si se realizaron 325 cabildos, estos ni siquiera son suficientes para afirmar que se llevó a cabo -a lo menos- un cabildo por cada comuna de nuestro país. 

Por su parte, el panorama relativo a las iniciativas populares de norma no es muy distinto. Hace un par de semanas, el vicepresidente de la Convención informó que dichas iniciativas habrían tenido un 91,5% de incidencia en la propuesta de texto constitucional. Claro, las palabras vida y propiedad, por ejemplo, se encuentran escritas en la propuesta de texto constitucional, pero su sentido es completamente opuesto al que consta en dos de las iniciativas populares de normas más firmadas por los chilenos: aquella que pretendía proteger la vida del que está por nacer y aquella que pretendía proteger la propiedad sobre los fondos de capitalización individual de los trabajadores. Sin embargo, contrario a lo que debería, ambas iniciativas se consideraron dentro de ese alto porcentaje de incidencia. ¿Es acaso eso incidencia? Parece que no.

Finalmente, la consulta indígena corrió más o menos la misma suerte. En ella participaron 7.549 personas de un universo de 2.185.792 que se declararon indígenas conforme al último CENSO, o de 1.694.870 personas que conforme a la última CASEN pertenecen a pueblos indígenas en Chile. Es decir, participó menos del 0,5% de cualquiera de los universos que usted decida considerar para estos efectos. Por otro lado, ¿cuánto dinero costó a los chilenos la fallida consulta indígena? Hasta ahora sólo sabemos que cuantiosos montos se transfirieron al Consorcio de Universidades del Estado Chile para la ejecución de las actividades de la consulta, razón por la cual el día 23 de mayo, y a solicitud de los Convencionales de Vamos Por Chile, el Consejo para la Transparencia ha oficiado a la SEGPRES y a las universidades del consorcio para conocer las transferencias de recursos públicos a la Convención desde su instalación y las respectivas justificaciones de gastos, cuestión que no había sucedido hasta ahora a pesar de las reiteradas solicitudes que con anterioridad a esta fecha se realizaron directamente a la Mesa Directiva de la Convención, pero que no tuvieron respuesta.

A la luz de los datos descritos que ejemplifican el fracaso de la terapia colectiva entre chilenos, pero que al mismo tiempo vienen a complementar desde la perspectiva de la forma las preocupaciones de fondo que existen sobre la propuesta de texto, vale la pena preguntarse cuáles son las razones que explican el enfriamiento del ánimo de muchos en la izquierda democrática para saltar definitivamente al Rechazo. ¿Qué cambió? Nadie lo sabe, pero sinceramente desde la buena fe resulta absolutamente inexplicable, porque en donde existe la misma razón, debe aplicarse la misma disposición y hasta donde yo sé, ninguna de las preocupaciones tanto de fondo como de forma esgrimidas por quienes colmaron titulares los últimos días de votación en la Convención han sido realmente atendidas o solucionadas.

*Paz Charpentier es directora de Juntos +Libres Concepción. 

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