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Publicado el 09 de febrero, 2017

Chile y Nueva Zelandia, tan lejos y tan cerca

El Tratado de Waitangi de 1840 tiene su símil en Chile en el Parlamento de Tapihue de 1825, que en 32 artículos reconocía la autonomía del pueblo mapuche.
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Cada 6 de febrero, Nueva Zelandia conmemora la firma del Tratado de Waitangi de 1840, cuando representantes de la Corona Británica y más de 500 jefes maoríes sellaron lo que a menudo se considera el documento fundacional de ese país.

Tiene solo tres artículos. En el primero, los jefes maoríes cedían su soberanía a la Corona; en el segundo, los maoríes daban a la Corona un derecho exclusivo para comprar tierras que desearan vender y a cambio, se les garantizaban todos sus derechos de propiedad en sus tierras, bosques, pesca y otros tesoros; en el tercero, se les reconocía a los maoríes los mismos derechos y privilegios que a los ciudadanos británicos. Como el Tratado se firmó en dos versiones, tuvo problemas de interpretación, ya que los Gobiernos consideraron que les permitía la completa soberanía sobre los maoríes, sus tierras y recursos; sin embargo, ellos consideraban que solo les estaban dando permiso a los británicos para utilizar sus tierras.

Entonces, al igual que en Chile, se produjeron problemas en torno a la titularidad de las tierras, lo que implicó una serie de enfrenamientos violentos durante el siglo XIX. En 1863, la Corona Británica dicto la “New Zealand Settlements Act” (27 Victoriae Nº 8, 1863), por medio de la cual se permitió la confiscación de las tierras sin compensación, de cualquier tribu maorí que estuviera “en rebelión contra la autoridad de su Majestad”. El propósito de esta ley era “la protección permanente y la seguridad de los habitantes de ambas razas –maoríes y británicos-, la prevención de una futura insurrección o rebelión, y el establecimiento y mantenimiento de la autoridad de su Majestad, la ley y el orden en la Colonia”. Las tierras confiscadas se utilizarían para establecer asentamientos de colonos militares, y el remanente sería catastrada y distribuida como ciudades o asignaciones rurales, y luego vendida. No obstante, aunque la legislación se debía dirigir contra las tribus maoríes que participasen de algún conflicto armado con el Gobierno, las confiscaciones mostraron poca distinción entre las tribus “leales” y las “rebeldes”, y se confiscaron la mayoría de las tierras.

Debido a los múltiples abusos en 1975 se creó el Tribunal de Waitangi, que tiene por facultad exclusiva determinar el sentido del Tratado e investigar sus violaciones. En ese marco emitió un informe en 1999, en donde la Corona reconocía por primera vez que la confiscación de tierras maoríes había constituido una injusticia y, por tanto, se habían violado los principios del Tratado de Waitangi, toda vez que este garantizaba a los maoríes la conservación de todas sus posesiones territoriales. Agregando que el Gobernador fue el invasor y un invasor sin justa causa, inclusive decía que las guerras surgieron del fracaso del Gobernador en respetar la autonomía de las tribus maoríes dentro de sus propias esferas, una autonomía que la Corona Británica había reconocido previamente en 1840. (Waitangi Tribunal Report 1999. The Ngati Awa Raupatu Report. Pág. 121)

Hace un par de años, el embajador neozelandés en Chile, John Copper, dijo: “Muchas personas en Chile me preguntan sobre la convivencia cultural en Nueva Zelandia como si fuera un proceso terminado y exitoso. Pero no es así. La perfección no existe y esta es la realidad en cuanto a la situación del país. Este es un proceso sin fin, como todos en nuestras sociedades y democracias”. (Seminario sobre Demandas Indígenas: Vilcún, necesario punto de inflexión, hacia un nuevo trato. Fundación Chile 21. Enero, 2013).

El Tratado de Waitangi de 1840 tiene su símil en Chile en el Parlamento de Tapihue de 1825, un tratado firmado por el Longko Mariluan y representantes del Director Supremo Ramón Freire, que en 32 artículos reconocía la autonomía del pueblo mapuche, y en donde chilenos y mapuche se juraban unión y hermandad perpetua. Pero a diferencia del primero, el de Tapihue fue sospechosamente olvidado, no es conmemorado ni respetado.

Chile está tan lejos y tan cerca de seguir la senda de Nueva Zelandia, un país que ha logrado a través de reconocimiento, participación y reconciliación construir un Estado seguro, pacífico y próspero. Nosotros tenemos el Tratado de Tapihue, 70 más firmados con la Corona Española, otros 21 parlamentos firmados con la República de Chile y la voluntad probada de seguir dialogando.

Hasta 1960 se hablaba de las “Maori Wars”, responsabilizando a los indígenas del conflicto, hoy se habla de las “New Zealand Wars”, en el entendido de que fue el Estado quien lo provocó. La pregunta es si en marzo de 2017, cuando la Presidenta Michelle Bachelet se refiera a las conclusiones de la Comisión Asesora Presidencial para la Araucanía, dejará de hablar de “Conflicto Mapuche” y hablará del “Conflicto Chileno–Mapuche”, reconociendo de una vez por todas que fue el Estado de Chile quien expolió las tierras mapuche y generó un conflicto que hasta el día de hoy nos aflige, sentando así las bases para la paz o perpetuando el conflicto otro siglo más.

 

Venancio Coñuepan Mesías, director ejecutivo Fundación Chile Intercultural

 

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