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Publicado el 28 de diciembre, 2015

Chile en el año de la transferencia de responsabilidad

Tras la seguidilla de casos que hemos visto en los medios y que conocemos día a día, en donde los efectos para las empresas son nefastos, no sirve mucho pensar en el gestionar, sino en el hacer.
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Manuales muy antiguos de comunicación de crisis hablan de una estrategia comunicacional que hoy se encuentra en desuso y de la que, hasta este año, los chilenos no estábamos al tanto. Una estrategia de efecto inmediato, pero de muy corto plazo, llamada “transferencia de responsabilidad”.

En términos prácticos, la forma en que se implementaba era designando un vocero, quien asumía la responsabilidad de blindar a la empresa (o entidad) mientras la compañía en cuestión ganaba tiempo para armarse y poder afrontar la crisis. Misma estrategia que al desarrollarse a nivel interno se conocía coloquialmente como “cambio de fusibles” y al hacerlo a nivel externo como la acción de “matar al mensajero”.

En un año, donde vimos casos de colusión, uso de información privilegiada, entrega de información falsa (o engañosa al mercado y autoridades), fraude al fisco y/o financiamientos irregulares de campañas políticas; también hemos asistido a una serie de “cambios de fusibles” importantes a nivel de ejecutivos y políticos, donde en la búsqueda de exención de responsabilidades no se ha escatimado en esfuerzos ni recursos. Por otro lado, a nivel político (y también empresarial) han ocurrido una seguidilla de asesinatos a mensajeros dejando un reguero de “caídos” muy difícil de calcular.

Por otro lado, las defensas en vocerías, tanto a nivel político como empresarial, han sido, por decir lo menos, poco afortunadas, acarreando un daño reputacional importante para los defendidos y costando en algunos casos hasta la cabeza del mismo portavoz.

Ahora bien, todas estas acciones no solucionan nada, al revés, sólo contribuyen a agudizar el problema y profundizar las crisis. Mismas crisis que los más pesimistas no le auguran solución y menos aún vuelta.

Así, hoy no sirve tratar de afrontar las situaciones con manuales añejos. Tampoco sirve hacer catarsis de fin de año, lamentándose porque las cosas no se arreglan.

Tras la seguidilla de casos que hemos visto en los medios y que conocemos día a día, en donde los efectos para las empresas son nefastos, no sirve mucho pensar en el gestionar, sino en el hacer.

Esto porque hoy no basta con buscar la forma de sobrellevar los temas, tampoco con tratar de navegarlos y/o gestionarlos. Es necesario ir a la génesis de los hechos y entender que las cosas de una vez por todas hay que hacerlas bien.

Por muchas medidas coercitivas o sanciones que se busquen implementar. Por más sistemas de compliance que tratemos de instaurar, la situación actual de malas prácticas y creciente desconfianza no se va a solucionar si no hay un convencimiento de que se debe actuar bien. No pasa por las medidas, pasa por un tema de convicción.

Si este fue el año en que vimos al verdadero Chile, donde se transparentaron malas prácticas, errores y omisiones, mismo año en que tras la vergüenza pasamos a la aceptación, sin lugar a dudas el próximo año debe ser el de la implementación.

Una implementación que no pasa necesariamente por los directorios, sino por una forma de ver y afrontar el día a día, sin tratar de sacar ventaja, sin trampas ni triquiñuelas.

En todos este contexto, no cambiemos más fusibles ni matemos mas mensajeros, hagamos las cosas bien. De esta forma podemos hacer empresa, gobierno y un país con una mirada de futuro. Más real, transparente y sustentable en el tiempo.

 

Claudio Ramírez, socio y gerente general Llorente y Cuenca.

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO.

 

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