El 25 de diciembre es y será un día especial para la cultura Cristiano Occidental. Fecha tradicionalmente vinculada al nacimiento de Jesús, momento en el que según la creencia el hijo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Lo que J.R.R. Tolkien denomina el verdadero mito, la eucatástrofe. Algo tan importante que implicó un cambio de era, la era cristiana de la que supuestamente ahora se cumplen 2023 años.

Jesús es ciertamente una figura histórica ya que está nombrado en fuentes de diversos orígenes, romanas, cristianas canónicas y extra canónicas y judías. En historia cuando varias fuentes se refieren a un mismo hecho es claramente algo certero. Sabemos que las fechas se calcularon mal por omisión de ciertos cónsules por lo que el año 1 no es el año 1.

Del mismo modo, la fecha de nacimiento fue también un consenso propio de la búsqueda de la sustitución de una religión por otra. Se toman las fechas anteriores y se resignifican. El 25 de diciembre era la fiesta del “Sol Invictus” en el Imperio, evento vinculado al dios Apolo. Esta antigua festividad se reinventó estableciendo ese día como el día en que nació Jesús. Desde entonces esa ha sido la fecha celebrada, el 24 de diciembre Nochebuena y el 25 de diciembre Navidad. 

San Nicolás de Myra en el siglo IV comenzará a entregar regalos a los necesitados en los días de Navidad, lo que hace que muchos lo vinculen a la idea de el origen del moderno Santa Claus. La fecha será usada políticamente para demostrarse cristianísimo frente a la gente. Carlomagno será coronado emperador cristiano el 25 de diciembre del año 800 y Guillermo el Conquistador elegirá la misma fecha en el 1066 para coronarse rey de Inglaterra y cambiar la vieja capital anglosajona, Wessex por Londres. 

El pesebre será el modo ritual de recrear ese momento esencial de la creencia cristiana y durante el medioevo esto será representado en diversas formas. Francisco de Asís representará este magno evento de modo vivencial a través de obras de teatro que se sumarán a los autos sacramentales.

Pero los elementos modernos de la celebración no estarán presentes sino hasta el siglo XIX. El Romanticismo remirará a la Edad Media y en búsqueda de los elementos para definir a la nación germana buscará respuestas en la mitología germana.

Es ahí donde la idea de niveles de existencias en los que desde el Asgard dioses cruzan los cielos en carros tirados por diversos animales será tomada. Odín, dios de la guerra,  sabiduría, poesía y señor de las runas será conocido como “el caminante” tomando la forma de un viejo de barba blanca que camina en el Midgard, lugar en el que habitan los hombres. Odín baja a la tierra en Sleipnir, caballo de 8 patas y la tradición posterior propondrá 8 renos. 

La creencia germana pagana ensalza el fresno como el sostén de todos los mundos, por lo que los misioneros cristianos buscarán reemplazar ese árbol con el abeto de hoja perenne simbolizando la vida eterna desde Cristo. Esta tradición del llamado Nicholaus será llevada a Inglaterra con Alberto de Saxe Coburgo, príncipe consorte de la poderosa Reina Victoria que controlaba un vasto Imperio sobre los mares. Él entendía la necesidad de mostrar a la familia real al público y se hizo retratar en familia junto a un árbol de Navidad, tras eso, muchos emularon la costumbre.

Sin duda el hombre que inventará la Navidad como la entendemos será el escritor victoriano Charles Dickens, quien escribirá cinco historias de Navidad, siendo la más famosa la llamada “Canción de Navidad” o “ Christmas Carol”.

Ahí el autor concebirá el espíritu navideño de paz y amor para salvar tras un viaje del estilo dantesco, al pasado, futuro y presente a Evanice Scrooge. Ahí los villancicos cantados por niños, el pavo, la cena familiar serán creadas para una sociedad de consumo. Estas ideas llegarán al nuevo mundo y desde Estados Unidos de Norteamérica esta figura odínica del viejo de barba blanca que cruza el cielo comerá en demasía y al estilo Coca Cola se convertirá en el actual Santa Claus.

Se levantará como un rito de sustitución que buscará dejar de lado el pesebre y al nacimiento de Cristo por un día de paz y amor bajo la idea del espíritu navideño vaciado de su sentido original. Es el día de reunión y de los regalos porque sí, es un día de consumo. Por lo mismo, es necesario restablecer el sentido de las cosas, sin Cristo y sin renovación de la tierra, no hay razón de celebración. Solo desde la creencia esta es una fiesta Santa que renueva las almas y el mundo. 

*Magdalena Merbilháa es periodista e historiadora.

Magdalena Merbilháa

Periodista e historiadora

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