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Publicado el 05 de octubre, 2018

Cecilia Cifuentes: Yo voté SÍ

Aunque creo profundamente en la alternancia en el poder, me parecía que el costo de volver al esquema estatista del pasado era condenar al país al subdesarrollo, con costos mayores aún.

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Hoy se cumplen 30 años de mi primera votación oficial y, aunque era muy joven, lo hice en forma consciente y responsable, luego de un análisis serio de las alternativas en disputa. Sin duda, con toda la información con que cuento hoy, mi voto en el plebiscito de 1988 hubiera sido por el NO, pero no me parece que sea esa la forma correcta de evaluar la decisión de entonces, ya que la calidad de una decisión debe analizarse con la información con que se contaba en ese momento, y no con lo que ocurrió posteriormente.

 

¿Y cuáles fueron los elementos que inclinaron la balanza de mi decisión? Aunque ahora las violaciones de derechos humanos del gobierno militar serían el elemento más poderoso en el rechazo a Pinochet, la verdad es que en ese entonces desconocía la magnitud del problema, por lo que fueron otros los temas que motivaron mi voto. Ya en esos años tenía clara mi vocación por la economía, y aunque no era mi ideal de democracia la continuación de Pinochet en la presidencia del país, sí respaldaba fuertemente las reformas económico-institucionales que se habían realizado en los diecisiete años de dictadura, que creía, y ahora estoy convencida, estaban permitiendo superar décadas de estancamiento en materia de desarrollo. Con los conocimientos que tenía en ese entonces, y que he seguido profundizando, veía claramente que el modelo de economía libre era el único camino razonable a seguir para Chile. Es más, con el tiempo ha aumentado mi valoración del enorme esfuerzo que significó ese cambio institucional, porque he ido conociendo en detalle las dificultades que hubo que sortear. Admiro el coraje de aquellos que impulsaron esos cambios profundos, con grandes costos políticos y sociales en el corto plazo, motivados por la certeza de que los beneficios futuros superarían con creces esos costos, aunque sabiendo que probablemente no serían ellos los que cosecharían los frutos. Hacen falta ahora líderes políticos con ese coraje y visión de largo plazo.

 

Durante todos esos años de reformas fui testigo del profundo rechazo que despertaban en la oposición de entonces, que finalmente confluyó en la Concertación. No se trata sólo de las evidentes críticas de la izquierda radical, ya que instituciones como CIEPLAN también se oponían a las reformas económicas. Incluso la apertura comercial, que hoy acepta hasta el Partido Comunista, era fuertemente condenada en ese entonces por líderes con los que hoy me cuesta encontrar diferencias de pensamiento. Respaldaba mi percepción el que durante la campaña del plebiscito escuché muchas veces por parte de líderes de la Concertación que las reformas del gobierno militar serían revertidas, revisadas y corregidas, mostrando a las claras que el modelo económico tendría corta vida en el caso del triunfo del NO. Esa fue mi razón de fondo para votar SI, ya que aunque creo profundamente en la alternancia en el poder, me parecía que el costo de volver al esquema estatista del pasado era condenar al país al subdesarrollo, con costos mayores aún.

 

Hoy ya sabemos que la Concertación sólo realizó ajustes muy menores al modelo económico (siendo ésta la causa principal de su posterior quiebre interno), y con el tiempo no puedo sino declararme una admiradora del gobierno de Aylwin, a mi juicio el mejor de los gobiernos de la Concertación, seguramente superior a lo que habría sido la continuación de Pinochet en el poder. Pero eso lo sabemos hoy, no era lo que yo al menos preveía con la información y conocimientos que tenía el 5 de Octubre de 1988, porque con esos antecedentes, seguramente volvería a votar SI.

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