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Publicado el 30 septiembre, 2020

Cecilia Cifuentes: Preparando el robo del siglo

Tal como ocurrió con la estatización de la minería del cobre, la izquierda y la derecha se unirían para que el derecho de propiedad fuera vilmente vulnerado, y la posibilidad de llegar al desarrollo totalmente eliminada.

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¿Puede Chile convertirse en una nueva Argentina, o mucho peor aún, seguir los pasos de Venezuela? Es difícil, pero no imposible. Es cosa de preguntarles a los venezolanos si hace un poco más de dos décadas, cuando eran el país con el mayor ingreso per cápita del continente, pensaban que podían llegar a ser de los más pobres. Argentina era el segundo más rico, y ahora está en la mitad de la tabla, pero además enfrentando una crisis de proporciones. Un factor en común de ambos países es que tuvieron durante un período bonanzas de ingresos fiscales producto de las materias primas (el petróleo y la soja), a lo que se sumó además en el caso de Argentina el default de deuda y la estatización de los fondos de pensiones. Eso permitió durante bastante tiempo la implementación de políticas populistas y el apoyo mayoritario de la población.

En Chile, el boom de materias primas fue mejor manejado, y aunque es responsable de haber creado una falsa noción de bienestar fácil y permanente, la regla fiscal permitió que la bonanza se tradujera en una caída de la deuda pública, que ahora hace posible un mejor manejo de la crisis actual. Sin embargo, el país se ha polarizado, y abundan los cantos de sirena sobre establecer un modelo que permita en el corto plazo resolver las demandas sociales, que además se han hecho más acuciantes.

¿Y de dónde podrían provenir los recursos para seguir los pasos de Chávez en Venezuela o de los Kirchner en Argentina sin seguir deteriorando la posición deudora fiscal? La única fuente abundante de recursos con que cuenta actualmente el país son los fondos de pensiones. Pero cuidado, esto es distinto a la reforma agraria o a la estatización de la minería; aquí son once millones de afiliados, de ingresos bajos, medios y altos que tienen ahorros, y no sería entonces fácil replicar la estrategia de Cristina Fernández en Argentina. ¿Y si encontramos una manera de devolverle sus ahorros a los sectores de bajos ingresos, y después se estatiza el resto? Eso sería políticamente mucho más fácil, por supuesto. Pues bien, la estrategia del retiro del 10%, con tope mínimo y máximo, es muy funcional a ese objetivo. Con el primer retiro el afiliado promedio ya tomó cerca de un 40% de su ahorro, y dos millones retiraron el 100% de su fondo. En cambio, los que tienen más de $100 millones en su cuenta, y por lo tanto retiraron un porcentaje reducido, son sólo 140 mil afiliados. La existencia de topes mínimos y máximos lleva a que aquellos con poco ahorro, generalmente de bajos ingresos, retiren un porcentaje elevado, y aquellos con ahorro e ingreso elevado, retiren muy poco. Se avanzó bastante entonces en el objetivo de lograr un sistema más segregado.

Y ahora surge la idea de un segundo retiro de 10%, en que otros dos millones de personas podrían sacar todo, y muchos quedarían con un ahorro insignificante. En pocos años, el problema de las bajas pensiones sería insoluble, ya que la capacidad de endeudamiento fiscal tampoco permitiría un alivio al problema. El apoyo político para la estatización de los fondos sería entonces mucho más fácil, y ojo, no se trata necesariamente de tomar esos recursos a cambio de nada, ya que podría obligarse a los fondos a comprar bonos estatales para cumplir el objetivo de mejorar las pensiones. Y de paso, en los hechos, se vuelve al fallido sistema de reparto. Con eso, el Robo del Siglo ya se habría ejecutado, y seguramente con un apoyo mayoritario de la población.

¿Ciencia ficción? No tanto, ya que hemos visto cómo incluso parlamentarios de derecha miran positivamente este segundo retiro. El apoyo popular que tiene la idea les hace olvidar sus convicciones (si es que las tienen). Tal como ocurrió con la estatización de la minería del cobre, la izquierda y la derecha se unirían para que el derecho de propiedad fuera vilmente vulnerado, y la posibilidad de llegar al desarrollo totalmente eliminada.

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