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Publicado el 2 septiembre, 2020

Cecilia Cifuentes: Longueira da vuelta el tablero

La irrupción de Longueira a favor del Apruebo cambia el escenario, ya que en esa situación el triunfo mayoritario de esa opción deja de ser un triunfo de la izquierda, para ser la alternativa mayoritaria. Pasa a ser entonces clave la segunda parte de su propuesta: lograr los mejores candidatos posibles para una Convención Constituyente, con el objetivo de dejar la tarea de la nueva Constitución en las mejores manos.

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Pablo Longueira volvió con todo a la vida política, y lo hizo dando vuelta el tablero. Confieso que su postura de Apruebo en el plebiscito no sólo me sorprendió, sino que inicialmente me pareció muy errada. ¿Pablo Longueira un “buenista”? ¿De verdad pensará que la solución a nuestros problemas es reformar profundamente la Constitución? Sin embargo, con el correr de los días me han empezado a hacer mucho sentido sus planteamientos, y no sólo eso, he logrado mirar con algo más de optimismo los gigantescos desafíos que tenemos por delante. No todo está perdido para el país que quiero heredarle a mis hijos, podemos evitar seguir los pasos nefastos de algunos de nuestros vecinos.

Sigo pensando que la mejor alternativa para el país sería un triunfo amplio de la opción Rechazo, que mostraría que la mayoría está en contra de la violencia y del proceso que hemos vivido a partir de octubre, y no obstante que requerimos cambios en materia constitucional, partir de cero en esta materia es un disparo en los pies. Sin embargo, si somos realistas, la probabilidad de ese escenario es cercana a cero. Entonces parecía que había que jugársela a fondo por un resultado lo más estrecho posible. Pero a estas alturas tampoco eso se ve factible, por lo que estábamos caminando hacia el escenario buscado por la izquierda radical; un gran triunfo de un Apruebo (= izquierda) que incluso abriera el escenario a un término anticipado del gobierno, con un retorno de la violencia que vivimos hace algunos meses, y lo peor de todo, dejando al Rechazo (= centro derecha) en un muy mal pie para el rally de elecciones que se avecinan, comenzando por la de los constituyentes. El peor de los mundos se hacía cada vez más probable.

La irrupción de Longueira a favor del Apruebo cambia el escenario, ya que en esa situación el triunfo mayoritario de esa opción deja de ser un triunfo de la izquierda, para ser la alternativa mayoritaria. El plebiscito pasa a ser entonces bastante irrelevante, ya que nadie se podrá arrogar para sí la victoria. Esta situación tiene además una ventaja adicional, ya que es evidente que un proceso eleccionario en las actuales condiciones sanitarias tiene serios problemas. Votar es un riesgo para la salud, especialmente para los adultos mayores, que son los que suelen tener mayor conciencia de su deber cívico. Como el voto es voluntario, es tranquilizador pensar que no tendremos que presionar a nuestros cercanos para ir a defender la opción en la que creemos, a pesar de los riesgos que eso conlleva. El coronavirus es una condición más para que el plebiscito caiga en la condición de irrelevancia, dada una muy baja participación; un Apruebo, apoyado por la mayoría de los sectores políticos, sin que nadie se pueda apropiar del resultado, y con una muy baja participación. Quien sabe, incluso en esas circunstancias podría generarse el acuerdo político para que no se realice, siendo ese un mejor escenario aún. El plebiscito fue un error desde el principio, en su gestación y en las opciones que considera, y por lo tanto que caiga en la irrelevancia o que deje de ser necesaria su realización es un buen resultado.

Pasa a ser entonces clave la segunda parte de la propuesta de Longueira: lograr los mejores candidatos posibles para una Convención Constituyente, con el objetivo de dejar la tarea de la nueva Constitución en las mejores manos, que seguramente no apoyarán partir de cero en esta materia, porque ese es otro absurdo del acuerdo del 15 de noviembre. Es inviable pensar que botaremos a la basura nuestra tradición en una materia de esta envergadura. Esas elecciones de convencionales serán las más importantes de nuestra historia reciente, y en eso deberíamos concentrar nuestros esfuerzos. Puede parecer contraintuitivo en una primera lectura, pero esta dada vuelta del tablero podría evitar el precipicio al que nos quiere empujar la izquierda radical desde octubre. Los riesgos siguen siendo considerables, pero existe al menos una salida. Y es nuestro deber explicarla y difundirla.

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