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Publicado el 30 de mayo, 2020

Cecilia Cifuentes: Impuesto a los «super ricos»: Condena a un estancamiento permanente

Es perfectamente posible que políticas erradas nos impidan salir de esta crisis y dadas las recientes ideas que surgen del mundo político, esa probabilidad es aterradoramente alta, ya que se suma a un clima de polarización que no cede, y a la legitimación de la violencia por grupos extremos, que también están presentes a nivel político.

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Ciertamente la crisis está generando realidades sociales alarmantes, que ya pensábamos imposibles en nuestro país. La primera gran lección que debemos sacar es que nada asegura el progreso; los países pueden caer en situaciones apremiantes luego de haber vivido bonanzas, como hace tiempo nos viene mostrando la realidad de Venezuela. En la situación actual la caída libre no se explica por la acción gubernamental como en Venezuela, pero sí es perfectamente posible que políticas erradas nos impidan salir de esta crisis, y dadas las recientes ideas que surgen del mundo político, esa probabilidad es aterradoramente alta, ya que se suma a un clima de polarización que no cede, y a la legitimación de la violencia por grupos extremos, que también están presentes a nivel político.

En materia sanitaria, estamos pasando por la parte más oscura del túnel, un túnel que tiene salida, como ya muestran varios países, pero dentro del cual la creatividad de nuestros políticos podría dejarnos por décadas, si el gobierno termina por ceder a las propuestas populistas de un número demasiado alto de parlamentarios. Ya no se trata sólo de que el gobierno se gaste lo que no tiene, dañando las posibilidades de crecimiento futuro (la deuda la pagamos todos, y con intereses), sino que ahora están buscando el camino más directo para que la inversión privada se vaya a pique, con lo que sería imposible reducir el desempleo una vez que superemos la emergencia sanitaria.

La idea del impuesto de 2,5% al patrimonio financiero y no financiero de los “súper ricos” hace pensar que efectivamente algunos políticos se imaginan el patrimonio de las personas de ingresos altos como bóvedas llenas de billetes, a lo Rico Mc Pato, de las cuales se puede sacar “un poquito” sin que se produzca ningún efecto negativo. Parece que ignoran que el patrimonio son instalaciones físicas, edificios, empresas productivas y bienes imposibles de convertir tan fácilmente en billetes para repartir a su antojo. Ni siquiera el llamado patrimonio financiero son esos montones de billetes guardados, sino que están invertidos, y por ende prestados a diversos agentes, en los mercados de Chile y el mundo, financiando también inversiones reales no liquidables tan fácilmente. Supongamos que obligamos a uno de esos súper ricos, dueño de una empresa valorizada en US$10 millones, a pasarle al fisco US$250.000 de una vez. ¿De dónde los saca? ¿Tendrá que ponerse a vender los muebles y equipos de su oficina? ¡De las utilidades!, dirán los políticos. Sin embargo, con las tasas de retornos actuales en Chile y en el mundo, los US$250.000 podrían representar la mitad de las utilidades, sumando además los impuestos a la renta. ¿Alguien estará dispuesto a invertir en una situación en que el fisco se podría llevar un 70% de los retornos? Por supuesto que no, a no ser que encuentre una vía para esconder su patrimonio al fisco. Por algo será que los impuestos al patrimonio son considerados un pésimo camino para financiar al Estado; dañan fuertemente la inversión, y terminan por no recaudar prácticamente nada. Es una idea realmente muy mala, por donde se la mire.

Entonces, ¿por qué gastar tiempo en criticarla si nadie serio podría aprobarla? Porque cuando en la Cámara de Diputados se votó el proyecto de acuerdo de la diputada comunista Karol Cariola (firmado además por otros ocho diputados, incluidos los DC Matías Walker y Jaime Mulet), tuvo 85 votos a favor, 40 abstenciones y sólo 18 votos de rechazo. Lamentablemente, el riesgo de que luego de esta crisis el país se quede estancado en una situación mucho peor a la que habíamos logrado llegar es bastante alto.

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