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Publicado el 07 de septiembre, 2018

Cecilia Cifuentes: Desigualdad: Una explicación poco mirada

Existe otra fuente muy importante de desigualdad que es menos analizada, pero en la cual las políticas públicas tienen mucho que decir: la posibilidad de trabajar. Las brechas en las tasas de ocupación por deciles no sólo son muy elevadas, sino que además están creciendo, y son superiores para las mujeres que para los hombres.

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La encuesta CASEN, recientemente dada a conocer, nos muestra en forma clara que la desigualdad sigue siendo elevada y que además tiende a agravarse cuando la economía pierde dinamismo, como hemos visto en los últimos años. Sabemos que una de las causas principales del problema son las diferencias en la escolaridad de la población, no sólo en años, sino también en la calidad de la educación que reciben los distintos grupos de ingresos, que se ve agravada por las diferencias en el capital cultural de las familias y en el acceso a servicios públicos en general (recreación, salud, transporte, entre otros).

 

Sin embargo, existe otra fuente muy importante de desigualdad que es menos analizada, pero en la cual las políticas públicas tienen mucho que decir, tanto o más que en materia de educación. Me refiero a la posibilidad de trabajar. Las brechas en las tasas de ocupación por deciles no sólo son muy elevadas, sino que además están creciendo, y son superiores para las mujeres que para los hombres. ¿Cómo puede salir de una condición precaria una persona que ni siquiera tiene la posibilidad de trabajar una hora a la semana en forma remunerada? Pues esa realidad es muy mayoritaria en los deciles bajos de ingreso, y peor aún, la CASEN 2017 muestra un deterioro en esta materia, medido por las tasas de ocupación por deciles y género. Los números son concluyentes en mostrar la creciente segregación del mercado laboral.

 

Si analizamos las últimas cuatro encuestas CASEN, entre 2011 y 2017, vemos que la tasa de ocupación masculina se ha mantenido relativamente estable, subiendo de 65,6% en 2011 a 66,5% en 2017. Lo preocupante es que mientras ha subido bastante para los sectores de altos ingresos, ha ocurrido lo contrario con los deciles bajos. En efecto, para el 10% más rico la tasa de ocupación sube de 78% a 83,5%; en cambio, en el decil inferior cae de 36,9% a 30,3%. La mitad de esta caída se produjo entre 2015 y 2017.

 

Es necesario revisar aquellas políticas públicas que no contribuyen en que más personas accedan al mercado laboral. La rigidez de nuestro Código Laboral es una de las principales. Pero cuidado también con los reajustes de salario mínimo.

 

La situación de las mujeres es aún más dramática, ya que mientras el país ha tenido buenos resultados en la incorporación laboral femenina, esto se ha dado en los sectores medios y altos, y no en el resto. Es así como la tasa de ocupación femenina sube de 39,1% a 44,6% en el período señalado, pero se tiende a mantener muy baja en el 10% más pobre, no alcanza al 20%. ¡Menos de dos mujeres de cada diez del decil inferior están ocupadas, es decir trabajan más de una hora a la semana formal o informalmente, mientras que las ocho restantes están desempleadas o fuera de la fuerza de trabajo! Los sectores de ingresos medios y altos, en cambio, tienen tasas de ocupación superiores al promedio de los países OCDE. En el 10% más rico, el 70% de las mujeres está ocupada, equivalente a la tasa de ocupación femenina de los países más desarrollados. La desigualdad en esta materia es abismante, por lo que debería ser prioridad de cualquier gobierno el que las mujeres vulnerables puedan acceder al mercado laboral. No se trata sólo de que puedan generar ingresos, sino también de su dignidad como personas, y del valioso aporte que como país estamos desperdiciando.

 

¿Qué políticas ayudan en esta materia? El acceso a sala cuna y jardín infantil parece ser clave, y mejor aún si los recursos que se vayan a destinar a esta política se focalizan mejor. La universalidad no parece razonable con el problema de inequidad que tenemos. La capacitación también es de primer orden en esta materia, por lo que son bienvenidos los anuncios del Ministerio del Trabajo de hacer una reforma estructural al SENCE; ojalá no se queden sólo en anuncios. Pero además es necesario revisar aquellas políticas públicas que no contribuyen en que más personas accedan al mercado laboral. La rigidez de nuestro Código Laboral es una de las principales. Pero cuidado también con los reajustes de salario mínimo. Se acaba de aprobar en el Congreso el aumento más “generoso” de los últimos años en esta materia, pero ¿generoso con quién? Claramente no lo es con ese 80% de mujeres del primer decil que ni siquiera tienen la oportunidad de tener algún tipo de trabajo remunerado.

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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