Señor Director:

Según sectores importantes de la Convención Constitucional, nuestra historia de 212 años como nación independiente ha sido virtualmente un gran error, una equivocación que es preciso corregir, y son ellos los llamados a hacerlo.

En la tarea de rectificación que se han propuesto han ido consagrando privilegios, arbitrariedades, desigualdades y severas limitaciones a la libertad en distintos ámbitos. De fondo, lo que va emergiendo con perfiles cada vez más nítidos, es una visión ideológica con inquietantes rasgos totalizantes, cuando no derechamente totalitarios, que distorsiona groseramente la realidad, busca inventar un país desprovisto de arraigo y continuidad histórica, y se introduce por los meandros de la cultura, se infiltra en el lenguaje, rompe nuestra conexión con el pasado y busca plasmarse en un diseño institucional que termina siendo precariamente democrático.

La Carta que se está urdiendo bajo la hegemonía arrogante y revanchista de esos sectores, lejos de unir al país agudizará las divisiones, desintegrará nuestro territorio, introducirá factores de discriminación en favor de minorías por el solo hecho de serlo, creará privilegios insensatos para grupos e identidades, concentrará excesivamente el poder, y consolidará a nivel normativo un vasto escenario de desigualdad ante la ley. Será una Constitución más parecida a un programa de gobierno, o a un pliego de peticiones, con una frondosa y enrevesada caterva de normas que se adentran en regulaciones de detalles de la más diversa índole. Más que una Constitución maximalista, como algunos se han adelantado a calificarla, será una Constitución desmesurada nacida de un voluntarismo ingenuo, no muy distante del infantilismo.

Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega

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