Señor Director,

La respuesta a mi columna por parte de Yasmin Gray evidencia el hecho de que parte de la derecha (mujeres, nada menos) no han comprendido el proceso sociopolítico en curso, y que, lamentablemente, han caído en la trampa del feminismo.

Primero, el fenómeno actual emerge de la radicalización de la horizontalidad, que se conoce en la teoría política como molecularización (invito a leer mi columna Revolución Molecular, en El Líbero). El feminismo es funcional a este paradigma.

Segundo, nadie desconoce las distintas corrientes decimonónicas y las del siglo pasado, pero nada tiene que ver con el feminismo hegemónico instalado en los diferentes movimientos en el país. Estos apuntan hacia otros horizontes e imaginarios, como el cyberfeminismo, el ecofeminismo, el anarcofeminismo, y la teoría queer hasta la post-identitaria, que además se le suma la clásica dicotomía marxista de opresores y oprimidos.

Más importante que leer a algunos clásicos decimonónicos, para ayudarse a comprender el estado del arte del feminismo contemporáneo conviene hacer el esfuerzo de leer a Judith Butler, Silvia Federici, Catharine MacKinnon, Donna Haraway, al transgénero Paul B. Preciado, o incluso a la chilena Alejandra Castillo.