Señor Director:

Qué duda cabe, son tiempos difíciles para todos. La pandemia del coronavirus —aún en pleno desarrollo a nivel global y poniendo en jaque modelos económicos, políticos y sociales— ha dejado su marca en forma indeleble, y nos hace recurrir a una cosa que hasta aquí habíamos olvidado: la solidaridad.

La propia presidenta del Banco Santander, Ana Botín, reconoció en la primera junta telemática de accionistas en los 163 años de la institución que “sin solidaridad, no hay unión”, en un claro mensaje que, si bien estaba dirigido a las autoridades de la Unión Europea, ante las dudas de ésta de ayudar a lo países más comprometidos del conglomerado, como la propia España, Italia y Francia, traspasó fronteras por su hondo significado.

¿Y quién sabe de solidaridad? La respuesta está en las Organizaciones Sociales, que con o sin crisis (más en estas últimas), siempre están remando a contracorriente, pero con una visión y misión común, como es apoyar a los grupos más vulnerables de la sociedad, muchas veces ignorados por el frenético día a día que nos consume.

A lo largo de los años hemos desplegado —muchas veces bajo la prueba del ensayo y el error— un enfoque estratégico para que cientos de proyectos solidarios y filantrópicos lleguen donde se necesitan o donde el Estado protector simplemente no está presente, haciéndolos eficientes para con sus objetivos propuestos.

Y eso es lo que desde esta tribuna proponemos a los filántropos, a los que en una posición mucho más privilegiada tienen la obligación moral de encender el motor de la solidaridad para que nadie, pandemia de por medio, se quede atrás. Donar hoy se hace mucho más vital que hace sólo unas semanas, cuando mirábamos lo que ocurría tan lejanamente a través de los medios de comunicación. La oportunidad de ser solidarios en estas condiciones a estas alturas es algo de vida o muerte.

Como Organización Social que trabaja en múltiples proyectos con  más de 15 fundaciones y corporaciones entendemos que las preocupaciones están razonablemente puestas en otro lado, pero estamos aquí para eso: para apoyar con conocimiento, gestión y audacia en un estado de emergencia excepcional y devastador por donde se le mire, ya que una vez que esto pase, las necesidades se incrementarán y la ayuda deberá ser rápida y eficiente.

Sabemos además que, dadas las condiciones actuales, con demandas más allá de lo imaginable en todos los servicios, y simultáneamente restricciones a la disponibilidad de ciertos recursos, incluido el humano, prácticamente todas las Organizaciones  Sociales están operando en condiciones críticas, por lo que en ciertos casos también hemos debido como Aportes de Gestión congelar temporalmente nuestros propios proyectos y apoyar en otras necesidades que nos solicitan.

Estamos por tanto en condiciones de apoyar con decisión y compromiso con ésta enorme urgencia, aportando nuestra experiencia conjunta, ya sea con enfoques estratégicos, o bien en el ámbito operacional, allí dónde se toman las decisiones para que puedan impactar.

Por otro lado, estamos conscientes que las condiciones sociales —una vez que la pandemia haya sido controlada— serán de mayores desafíos, por la caída de la actividad económica y los correspondientes flujos de donaciones, así como por el aumento del desempleo y las necesidades relacionadas. Para aportar a la resolución o mitigación de este nuevo panorama, estamos preparados, por ejemplo, para hacer diagnósticos con premura, y presentar los respectivos planes de emergencia.

Así como los países necesitarán de buenas políticas públicas, la solidaridad necesitará de una gestión absolutamente focalizada en las prioridades del momento para maximizar la efectividad de la ayuda pero sin perder de vista el desarrollo y adecuación estratégica del futuro.  Sin solidaridad, no hay unión, y es tiempo de ambas cosas.