Señor Director,

Daniel Matamala recientemente ha comparado los privilegios entre la familia Ossandón Irarrazabal y las (hipotéticas) familias Melinao o Hualquimil. El periodista concluye que la falta de igualdad «sustantiva» en la calidad de vida en las ciudades donde estas familias viven (Santiago y Tirúa, por ejemplo) justifica que la nueva carta maga «rectifique» una discriminación histórica.

El error del argumento es doble. Primero, el periodista concluye que la forma de rectificar una discriminación social es consagrando una discriminación legal en la Constitución. Esta forma de pensar no reduce el número de privilegiados, sino todo lo contrario, lo incrementa. La conclusión es directa: además de los que históricamente han accedido (o comprado) tratos preferenciales con el Estado, ahora deberemos sumarles a aquellos que por condición de raza accederán a posiciones de poder político sin mucha competencia y con poder de veto. Menuda forma de incrementar la cantidad de privilegios que debemos enfrentar (y pagar) los no que no clasificamos en ninguno de esos dos grupos.

El segundo error es olvidarse de las familias Pérez, Muñoz, Ochoa, y González, que también viven en la ciudad de Tirúa (o Galvarino, Ercilla, etc.). El periodista argumenta que la expectativa de vida en esas ciudades es similar a la de Pakistán. Pero en su análisis omite olímpicamente que esas familias «mestizas», que no han recibido ni comprado ningún privilegio, estarán constitucionalmente en una desventaja legal relativa a sus vecinos si se aprueba la propuesta constitucional. Siguiendo el ejemplo (incompleto) del periodista: imagínese vivir en Pakistán y no haber nacido en la casa correcta.

Como país, debemos aprender que las heridas históricas por abusos y olvidos se sanan fortaleciendo las instituciones encargadas de construir la famosa igualdad sustantiva. No politizándolas (como se pretende con la propuesta de sistemas judiciales), ni copiando estructuras legales medievales que asignaban derechos según la raza del ciudadano.

Marcelo Ortiz M., académico, Universitat Pompeu Fabra, España

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