Señor Director:

La constitución que nos rige, si bien tiene un origen ilegitimo, se legitimó en el tiempo. Mientras lo que está ocurriendo ahora es una nueva constitución que se engendra en medio de la violencia. La presión por cambiar la carta magna llega a ser insostenible, con una clase política que da cátedra de lo que no se debe hacer, aceptando la violencia como moneda de cambio. Sin embargo el problema no es solo la violencia, el propio Congreso, quien debe protagonizar el proceso constituyente, tiene un nivel de representación que es digno de una caricatura y pretensiones cortoplacistas dignas de la generación que hoy está liderando el proceso constituyente. Pretensiones que se basan en la consecución de mayor cantidad de “me gusta” en sus redes sociales. No es posible, en el contexto y con el parlamento actual pretender una nueva constitución que proyecte un país sano, siendo su origen enfermo. Se requiere, adicional a verdaderas mayorías y sin trampas, recomponer confianzas y hacer bien las cosas para solucionar los verdaderos problemas de la ciudadanía. La constitución no debiera, por ende, emerger con este congreso.