Señor Director,

“Aprobar para reformar” es, derechamente, mediocridad. No es aceptable que personas que participaron en un proceso constituyente, de un año a tiempo completo, soliciten aprobar una propuesta para reformarla, ergo, reconociendo su precariedad. Es vergonzoso para nuestro país que parte de los mismos Constituyentes que redactaron un proyecto de Constitución (ni más ni menos que una Carta Fundamental que regirá la vida de más de 17 millones de personas) pidan ahora aprobar el texto, preparado por ellos, con el expreso objeto de modificarlo por estar, derechamente, errado en muchísimos aspectos, incluso con fallas de redacción. ¿Dónde guardan estos Constituyentes su vergüenza por no haber podido hacer el trabajo en la forma encomendada y con la diligencia debida? ¿En qué tipo de trabajo puede uno terminar un proyecto de un año, y, antes de siquiera ser implementado, pedir que se apruebe su cambio porque está descaminado, sin dar siquiera disculpa alguna? ¿Seremos los votantes en Chile personas tan pazguatas como para pasar por alto la desvergüenza de esos gestores al pedir su aprobación para corregir un trabajo mal hecho? Creo que no.

Kristoffer Verbeken, abogado.

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