Señor Director:

No es un misterio que la educación ya no puede funcionar desde una mirada vertical y obtusa donde el profesor decide y el estudiante solo asiente sin cuestionar. Sabemos que eso solo lleva a la apatía y, finalmente, al nulo aprendizaje del estudiante. La reciprocidad y la capacidad de escuchar las sensaciones de los adolescentes es la mayor oportunidad de conectar los contenidos a sus intereses. Y en ese sentido, la lectura funciona de una manera similar. Poco podremos lograr si con ellos nos dedicamos a analizar textos sobre cómo se comporta el dólar tras una crisis económica o la cantidad de glóbulos rojos a los 2 años y medio.

Creo que un gran error como docentes y sociedad adulta es que transmitimos la lectura como una cadena de palabras. Sintaxis, morfemas, modos verbales, etc. ¿Es importante? Sí. ¿Nos ayuda a fomentar la lectura? Poco. Debemos traspasar la asimilación de la lectura desde una cadena de palabras a lo realmente importante: las historias. Mostrarles que un buen libro puede ser tan fascinante como una película o su serie favorita. Es por eso que envío esta carta, para que jóvenes y los ex jóvenes recuerden que las historias son lo que nos mueve, lo que creó en el papel a los superhéroes y también el poder infinito de la magia. Los libros son más que una cadena de palabras, son la cuna de las historias.