Señor Director:

Hace pocos días se cumplieron 30 años de la llegada de Erich Honecker a Chile. El gobierno de la Alemania reunificada lo acusaba de ser responsable de 192 muertes. Al comprobarse que el anciano estaba gravemente enfermo, el gobierno de Chile lo acogió en nuestro país por razones humanitarias. Murió en su casa de La Reina, tranquilo y rodeado de su familia.

¿No es acaso ese mismo sentido humanitario el que debiera considerarse con los octogenarios presos chilenos? La falta de clemencia ha originado que varios ancianos hayan muerto en privación de libertad. Nadie podría sentirse orgulloso de ello.

Marcos López Ardiles, General (R)

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