Señor Director,

Veo tristemente que estamos en un país violentamente dividido por las diferencias de opinión. Observo por redes sociales cómo se denosta o maltrata a personas por decir que votarán Rechazo, sólo porque fueron al colegio The Grange o al Cumbres. Al parecer, las personas con una infancia privilegiada perdieron el derecho a opinar por haber tenido esa fortuna. A ellos les adjudican un CI bajo o los clasifican de inferiores respecto a quienes no tuvieron esos privilegios. Algunos incluso están declarando por sus redes sociales que quien vota Rechazo es un retrasado, descalificándolo por principio, sin importar los argumentos que tenga o evaluar la posibilidad de debatirlos.

Declaraciones sobre la comida de JUNAEB en los colegios, como una suerte de parodia de pobreza; humillante y descontextualizada, son comentarios a los que me he visto enfrentado en estos días, donde se afirma que quien haya tenido esa experiencia de vida está obligado a votar por el Apruebo. De lo contrario, se le califica de tonto o limitado.

De acuerdo a lo anterior, una persona como yo, que junto a sus hermanos fue a un colegio en la población donde vivió desde niño, que creció entre cuidados, restricciones y deberes, con estudios en una de las mejores universidades del país, apoyado por becas (Presidente de la República desde II° medio y Padre Hurtado, entre otras), que procede de una familia que logró la movilidad social de una generación a otra, sin que tuviera que esperar que pasaran varias de ellas para hacer ese salto, impulsada por la fortuna de contar con unos padres ejemplares, ¿cómo podría tratar de «tontos» o «que no piensan» a quienesvoten “apruebo”, por considerar que su procedencia lo hace más inteligente? No corresponde.

Poner los argumentos sobre la mesa, debatirlos, informarse sobre lo que ocurre dentro y fuera del país, comparar realidades. Ese es el trabajo que los chilenos debemos hacer ahora. Sin tratar de tontos a otras personas u ofenderlas por pensar distinto.

Observo desde hace años a personas con una visión destructiva de la sociedad, alejadas del debate con argumentos, humillando contínuamente, solo destruyendo lo que está al frente. Tenemos un país que mejorar y la vereda de la construcción, en todos sus ámbitos, es un mejor camino para la realidad que estamos viviendo.

Javier Arredondo, padre de familia, profesor.

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