Señor Director,

Carolina Amoroso, periodista argentina y reportera en la guerra de Ucrania, a quien tuve la oportunidad de escuchar gracias a El Líbero, tomó prestada esta frase tan sutil y a la vez cargada de tantos valores: “Al dolor hay que aproximarse con los pies descalzos”, refiriéndose a la aproximación ante el individuo, el ser humano que está presente tras el sufrimiento. Esto denota sin duda una actitud de respeto, humildad, empatía, aceptación y comprensión por el dolor ajeno. Sin juicio, sin morbo. 

El contraste entre esta aproximación y lo que vemos en los canales de televisión nacionales es abismante. ¿Acaso el dolor de perder un hijo cuya vida se ve truncada a los 23 años amerita una entrevista a los padres preguntándoles si están tristes o no, si lamentan su pérdida? ¿Qué clase de información busca entregarnos el periodismo hoy en día? ¿Por qué mejor no indagar en las historias de los victimarios, en qué clase de vida han vivido, qué puede motivar a un joven a asesinar por la espalda a otro y elegir realizar actos como estos para defender lo que cree?

Incluso, si nos detuviésemos un momento en entender cuando un niño es víctima de un compañero de colegio que durante el horario escolar lo amenaza con una pistola, además de preguntarle al colegio qué medidas tomará para proteger al niño que fue amenazado, ¿también se preocupará del niño que lo comete? ¿Qué sucederá en su casa que le permiten cargar armas y, peor aún, por qué, cuándo y cómo aprendió a usarlas? ¿Por qué necesita desquitar su rabia con otros? ¿Cuál es el origen de su dolor?

En casi la totalidad de las veces hay dolor y sufrimiento encubiertos en la conducta del matonaje escolar y los niveles de violencia actuales están llegando al límite de lo insostenible. Debemos hacernos las preguntas correctas para saber el origen y guiar nuestros pasos en busca de soluciones.

Sin embargo, nada justifica el asesinato de un inocente o el matonaje presente en los colegios. Ni los portonazos o los asaltos a la orden del día. Pero tampoco podemos negar que si supiéramos sus causas podríamos atacar el problema desde su origen y no revictimizar a las familias en su dolor, haciendo preguntas inútiles y que solo sirven para alimentar el morbo.

Después de todo, a este debemos acercarnos con los pies descalzos.

Jacqueline Deutsch G., Mg Psicología Clínica

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