Señor Director:

Lo que escribimos a continuación lo hacemos con la sincera intención de dar homenaje a Benedicto XVI, no con la pretensión de dar una acabada síntesis a su inmensa obra intelectual.

Joseph Ratzinger o Benedicto XVI deja un legado enorme para los católicos y todo quienes buscan la verdad. No hay que pasar por alto que no es un intelectual abstracto, fue sacerdote por muchas décadas y Papa. Su obra y acción se entrelazan armónicamente dando testimonio de la fidelidad a la Verdad.

Y es que, como bien lo enseñó Benedicto, Dios es la realidad fundante, y todo sistema o ideología que ha desconocido esa realidad ha fracasado. Pese a ello, muchos intentan seguir construyendo modelos y utopías, en reemplazo del reinado de Dios, donde «nada es definitivo» e intentan proveer en la tierra de felicidad y satisfacción absoluta al hombre. La consecuencia de ello ha sido una «dictadura del relativismo».

La medida del verdadero humanismo es Cristo y los bienes humanos más preciados no están en un mundo planificado y ordenado hacia el placer, sino en la paz y la justicia que da Aquel que es principio y fin de nuestra existencia. Esa es además nuestra esperanza auténtica, porque en definitiva: «Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza».

A pocas horas de su muerte, releer y estudiar a Benedicto XVI es un deber para cualquier católico con interés en la cosa pública, siendo especialmente conveniente recordar su mensaje en los marcos de su Viaje Apostólico a Brasil:“por tratarse de un continente de bautizados, conviene colmar la notable ausencia, en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas”.

Jaime Tagle D.

Tomás Bengolea L.

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