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Publicado el 18 de junio, 2020

Carlos Cuadrado: Brotes de populismo

Es una buena noticia que el gobierno haya llegado a acuerdo con parte de la oposición en un plan que permitirá enfrentar la pandemia durante los próximos meses, con una importante inyección de recursos para ir en ayuda de millones de personas. Este plan debiese bajar la ansiedad de aquellos personeros que, además de criticar todas las acciones que propone el Ejecutivo, vienen exigiendo la aplicación de medidas “mágicas” que, de implementarse, significarán una pesada mochila para el Estado.

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Es propio de la naturaleza humana que frente a una crisis o episodio complejo de la vida busquemos todo lo que esté a nuestro alcance para lograr una solución rápida a aquello que nos aqueja. Surge así una frenética pulsión por buscar atajos que acaben pronto con lo que nos angustia y provoca incertidumbre.

Algo de eso está ocurriendo en el actual escenario de pandemia, donde el creciente número de contagios y de fallecidos por Covid en el país -pese a la prolongada cuarentena impuesta a una parte importante de la población-, sumado al impacto social derivado de una economía semi paralizada, ha provocado que algunos dirigentes de distinto signo político estén proponiendo medidas con un fuerte hedor populista.

Se trata de un fenómeno que se venía cristalizando desde hace un tiempo, que se desbordó tras el estallido de violencia del 18 de octubre pasado, y que se galvanizó con la llegada del coronavirus a Chile. La quiebra de miles de empresas, la pérdida de cientos de miles de empleos, la suspensión de otra gran cantidad de fuentes laborales, y la imposibilidad de muchos chilenos de salir a obtener el sustento diario debido al confinamiento nos hará retroceder una década o más en términos económicos, como ya adelantan los especialistas, con un seguro incremento de la pobreza y todos los problemas asociados a ella.

En un ambiente así, es fácil caer en la tentación de apelar a la imaginación y proponer medidas que, a oídos de los más afectados por la crisis económica, resuenan como cantos de sirena, y reciben la rápida bendición de las hordas escasamente deliberantes que pululan en las redes sociales.

Una de las peticiones que más se ha repetido en el último tiempo es que se permita a las personas echar mano a una parte de sus fondos de pensiones para libre disposición, de manera que con esos recursos puedan hacer frente a su frágil situación económica. O quienes ahora, en plena pandemia, plantean irresponsablemente que el gobierno no ponga límites al gasto fiscal para enfrentar el Covid, y que incluso piden discutir más adelante un programa de reactivación.

Es una buena noticia que el gobierno haya llegado a acuerdo con parte de la oposición en un plan que permitirá enfrentar la pandemia durante los próximos meses, con una importante inyección de recursos para ir en ayuda de millones de personas, principalmente a través del aumento del ingreso familiar de emergencia. Este plan debiese bajar la ansiedad de aquellos personeros que, además de criticar todas las acciones que propone el Ejecutivo, vienen exigiendo la aplicación de medidas “mágicas” que, de implementarse, significarán una pesada mochila para el Estado.

Hoy es momento de dejar de lado las demandas populistas, concentrarse en asegurar el cumplimiento de la cuarentena y hacer expedita la entrega de las ayudas a las empresas y familias que lo requieren. No hay margen para la mezquindad y el oportunismo, porque entre más se prolongue la pandemia, más perjudicial será el escenario para los chilenos una vez que el coronavirus esté controlado, y eso incluye también a ese sector de la oposición que pese al inédito drama sanitario y humano que vive el país, no da pie atrás en su actitud obstruccionista.

Si en estas complejas circunstancias no están dispuestos a poner los intereses del país por delante, y prefieren sacar una pequeña tajada política, la ciudadanía quedará notificada de que su retórica puritana sobre el bien común no es más que un discurso vacío y repleto de ponzoña.

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